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Belice - Síntesis histórica de la migración internacional en Belice

Belice formó parte del imperio maya de América Central que floreció entre los años 300 y 900 DC. Pasó del control de España al control del Reino Unido desde principios de 1600 y hasta 1862, cuando se convirtió en Honduras Británica. El país cambió su denominación por Belice en 1973 y se independizó en 1981. Además de su heterogeneidad, una de las características que más destaca a Belice es su pequeño tamaño y población. De acuerdo al censo de 2010, la población alcanza a unos 312.698 habitantes, de los cuales 14,8%  es extranjero. Se estima una tasa neta de migración   de -2.3 emigrantes por cada mil habitantes (OIM 2010), no obstante, en términos relativos, Belice es el país centroamericano que ha recibido la mayor población extranjera desde 1983. 

Estos factores han provocado un cambio enorme en el panorama sociocultural de Belice durante las últimas tres décadas, puesto que la afluencia masiva de centroamericanos vecinos coincidió con las altas tasas de emigración. 

Estos movimientos provocaron que gran parte de la población de habla inglesa fuera reemplazada por una población hispanohablante, proceso que ahora se denomina "latinización", cuyas consecuencias y gran repercusión recién ahora empiezan a hacerse evidentes.

HISTORIA DE LA MIGRACIÓN

Los mayas fueron los primeros en habitar la tierra que se denomina La Ruta Maya, y cuyo territorio también incluía a México, Guatemala, Honduras y El Salvador. Los arqueólogos estiman que en el mejor momento del imperio maya vivían entre 1 y 2 millones de mayas dentro de las fronteras de Belice. Aunque en cifras significativamente menores, muchos de estos habitantes aún se encontraban en Belice cuando llegaron los europeos en los siglos XVI y XVII. 

La primera referencia de un poblado europeo en la colonia fue en 1638, cuando los piratas de Escocia e Inglaterra utilizaron a Belice como guarida. La población creció debido a los marineros y soldados británicos derrotados tras la toma de Jamaica por parte de España en 1655. Si bien las disputas territoriales con la Corona de España continuarían hasta finales de ese siglo, en 1763 España permitió que los colonos británicos participaran en la industria del palo de Campeche por medio del Tratado de París. Los británicos introdujeron la esclavitud a Belice y trasladaron miles de esclavos desde África (a través de Bermudas y Jamaica) para cortar palo de Campeche y luego caoba. De acuerdo con el censo de 1790, 75% de los residentes del territorio eran esclavos, 10% eran blancos y el resto eran negros libres. El censo ignoró a las comunidades indias mayas. 

La época de principios de 1800 marcó la llegada de los garífunas. También conocidos como garinagu, eran descendientes de los caribes de las Antillas Menores y de los africanos que habían escapado de la esclavitud. Inicialmente llegaron a Belice desde Honduras, debido a los conflictos con los colonos europeos. Algunos trabajaron junto con esclavos en la industria de la caoba, mientras que otros se establecieron como pescadores. Los garinagu, que en su mayor parte viven en sociedades exclusivas, ahora constituyen aproximadamente 4,6% de la población de Belice. 

En 1847, un grupo de mestizos  llegó a las regiones del norte de Belice escapando de la Guerra de Castas de Yucatán, actualmente México. En esa época, cerca de 70.000 mayas se rebelaron contra los 20.000 españoles en Yucatán, y los sobrevivientes huyeron al otro lado de la frontera hacia territorio británico. Además, muchos refugiados de la Guerra de Castas llegaron con el tiempo al oeste de Belice a través de Petén y Guatemala, y establecieron comunidades en Benque Viejo del Carmen, San Ignacio y San José Succotz. Esto se consideró como la primera de las dos afluencias migratorias más importantes hacia Belice. 

Otro grupo importante que se estableció en Belice en los inicios de su historia arribó desde las Indias Orientales. Los primeros llegaron a las Indias Occidentales en 1838 como sirvientes y con contrato de cumplimiento forzoso, para llenar el vacío de mano de obra que produjo la abolición de la esclavitud. Los trabajadores eran motivados con este contrato forzoso para trabajar en el Caribe ─con un contrato firmado─ por alrededor de cinco años. Una vez transcurrido ese periodo, tenían la libertad de regresar a India o quedarse en el Caribe como trabajadores según sus propias condiciones. Las estadísticas indican que entre 1844 y 1917, más de 41.000 habitantes de las Indias Orientales fueron obligados por contrato a trabajar en las colonias británicas del Caribe. Los habitantes de las Indias Orientales que llegaron a Belice nuevamente en la década de 1880 eran de Jamaica, y trabajaban principalmente en las haciendas de azúcar establecidas por estadounidenses ricos que se habían asentado en el Distrito de Toledo después de huir de la Guerra Civil de Estados Unidos. 

Otros dos grupos importantes fueron los chinos y los menonitas. En 1865, 480 inmigrantes chinos llegaron a Belice como trabajadores con contrato de cumplimiento forzoso,  la mayoría de ellos provenientes de la provincia de Kwangtung , al sur de China. Este movimiento continuó durante años. Si bien constituían menos del 1% de la población, contribuyeron significativamente con la economía del país. En 1958, unos 3.500 menonitas canadienses llegaron a Belice. Actualmente constituyen 3,8% de la población y tienen sus propias escuelas, iglesias e instituciones financieras en varias comunidades por toda la cuenca alta del río Belice. 

Una gran parte de los inmigrantes que llegaron a Belice se integraron a su economía de monocultivo. Al igual que ocurrió en otras partes del Caribe a lo largo de los siglos, los administradores de la colonia basaron su economía en una sucesión de materias primas individuales; el palo de Campeche en los siglos XVII y XVIII y la caoba en el siglo XIX. Cuando el suministro de madera accesible disminuyó y la explotación forestal llegó a niveles de rentabilidad demasiado bajos a mediados del siglo XX, la economía del país cambió a la caña de azúcar como principal exportación y más tarde se diversificó al cultivo de citrus, bananas, mariscos y a la vestimenta. También es importante el auge de la economía turística del país. Sin embargo, la mano de obra reducida, el capital limitado y una economía de exportación confinada a las fluctuaciones de precios del mercado internacional han hecho que la economía tenga dificultades para incorporar a los beliceños que buscan trabajo. Muchos han optado por emigrar en respuesta a estas condiciones adversas. 

Cuando Belice se independizó, en 1981, la emigración se había establecido como una característica central de la sociedad beliceña. La primera emigración a gran escala ocurrió durante los años 40 y 50, cuando más de 1.000 beliceños hombres fueron contratados para trabajar en la agricultura y la industria de Estados Unidos. Muchos otros beliceños trabajaban en la construcción de la Zona del Canal de Panamá (Miller, 1993). Durante la Segunda Guerra Mundial, un grupo importante fue contratado para llenar el vacío que dejó la escasez de mano de obra, también en EE. UU. En 1961, el huracán Hattie devastó grandes franjas de Belice y provocó una emigración a gran escala durante los años 60. Los años 70 también fueron un periodo de emigración ya que los beliceños, especialmente las mujeres, se vieron atraídos por el sector de servicios de salarios bajos en Estados Unidos. Sin embargo,  la mayor y más significativa emigración de beliceños ocurrió en los años 80 y a principios de los noventa, y coincidió con la segunda afluencia masiva de inmigrantes hacia el país. 

Durante los años 80 entró en Belice, un gran flujo de emigrantes provenientes de América Central debido a crisis políticas y económicas en países vecinos. En 1993, un estimado de 28.500 inmigrantes vivía en Belice, la mayoría procedentes de Guatemala y El Salvador, con aproximadamente 9.000 reconocidos oficialmente como refugiados (UNCF, 1995). En ese momento representaban 13% de la población total. De esta cifra, 35% eran refugiados legales, 25% eran emigrantes legales y 40% eran indocumentados (Murillo, 2005). Gran parte de esto se debió a la política del gobierno beliceño de aceptar emigrantes, porque proporcionaban la mano de obra agrícola en trabajos poco atractivos para los afrobeliceños urbanizados (criollos y garífunas) (Instituto de Política Migratoria, MPI, 2006). 

La afluencia de centroamericanos se complementó con una emigración de afrobeliceños hacia Estados Unidos. Otros países de destino frecuente fueron: Canadá, Reino Unido, México, Bolivia, Guatemala, Islas Caimán, El Salvador, Honduras y Costa Rica. La tasa anual de emigración promediaba los 3.050 por año en los 80, y 2.181 por año en los 90. En promedio, 84% se dirigía hacia Estados Unidos y 5% iba hacia otros países centroamericanos (MPI, 2006). 

La relación entre el movimiento a gran escala hacia fuera del país y la afluencia de centroamericanos es compleja, pero se ha sugerido que se produjo un desplazamiento directo, dado que los recién llegados estaban dispuestos a trabajar por salarios más bajos (Moberg, 1993). Cuando comenzó la afluencia centroamericana, el país ya había sufrido también grandes índices de emigración debido a la crisis económica que se produjo después de la independencia. Cualquiera sea la causa fundamental, es innegable que se produjo un cambio demográfico importante, denominado la "latinización" de Belice. Estos grandes movimientos de entrada y salida del país provocaron un cambio repentino en el panorama sociocultural de Belice. A mediados de los años 80, se estimaba que una cuarta parte de todas las personas nacidas en Belice residían en Estados Unidos (Pastor, 1985). Gran parte de esta población fue sustituida por centroamericanos de países vecinos. Uno de los efectos fue la disminución de las tasas de alfabetización del inglés (UNCF, 1995). 

En los años 90, también se vio una afluencia de inmigrantes provenientes de Taiwán y China continental. Entre 1990 y 1994, se aprobaron 13.000 documentos de residencia permanente para inmigrantes asiáticos (aproximadamente 6% de una población total estimada en 1996, que era  de 222.000 habitantes) (UNCF, 1997). La aprobación de documentos de residencia, junto con los programas de amnistía que ofrecían la condición de residente para los inmigrantes ilegales, refleja la postura de Belice de motivar la inmigración, en parte para corregir el desequilibrio generado por la emigración. 

El efecto neto de la migración provocó un aumento de la población a una tasa del 2,6% anual. El censo de 2010 registró 46.226 habitantes nacidos en el extranjero, lo que significa un aumento del 34,8% de los 34.279 registrados en el año 2000. Los centroamericanos representan casi tres cuartas partes de esta cifra, la que se divide en 41% de Guatemala; 15,2% de El Salvador;  y 15% de Honduras (censo de 2010). El porcentaje de habitantes nacidos en el extranjero alcanzó un nivel elevado en 1995. En ese año, los emigrantes constituían 17,5% de la población total. Si bien se produjo una caída al 14,5% en el año 2000, las estadísticas más recientes han mostrado una tendencia ascendente. Los datos más recientes indican que los emigrantes internacionales representan 14,8% de la población total (censo de 2010). 

Aunque la tasa de emigración ha disminuido, cada vez más beliceños con formación abandonan el país. Como se indicó en el informe del censo oficial del país del año 2000, la mitad de los emigrantes poseía títulos de enseñanza secundaria, mientras que el porcentaje que poseía educación terciaria aumentaba al 64% por encima de la tasa registrada en 1991 (MPI, 2006). Además, en el año 2000, la tasa de emigración de la población con educación terciaria era del 65,5% del total (Banco Mundial, 2011). Esto ha generado temores de una posible e importante fuga de cerebros.

CONCLUSIÓN 

Belice es un país pequeño que recientemente ha sufrido cambios masivos en la composición de su población. Gran parte de esto se debe a su proximidad a países con tasas elevadas de emigración y a una economía que no ha sido capaz de incorporar a sectores importantes de su ciudadanía. Sin embargo, la economía beliceña ha mejorado recientemente con una caída del desempleo que se debe principalmente a la rápida expansión del turismo (CEPAL, 2007). 

Las remesas han sido otro sector en crecimiento. Las remesas per cápita en Belice son las terceras más altas en la Región, y constituyen aproximadamente 7% del PBI, lo que asciende a más de la mitad de los ingresos del turismo y representa casi el doble del valor de los dos principales productos de exportación: 181% del total de exportaciones de camarón y 193% del total de exportaciones de azúcar. 

Un informe reciente del Banco Interamericano de Desarrollo indicó que en 2005 los beliceños en Estados Unidos enviaron remesas hacia Belice por 160 millones de dólares de Belice (BID, 2005). Si bien éstas desempeñarán un papel cada vez más importante en el desarrollo de Belice, la pregunta es si las pérdidas sufridas por la migración calificada superan a lo que se obtiene por las remesas relacionadas. 

Aunque las pérdidas sufridas por la migración calificada pueden traducirse en una "fuga de cerebros" y los peligros de una economía de exportación siguen siendo una amenaza real, la disposición de Belice para permitir que ingresen extranjeros ha demostrado ser un punto de desarrollo importante y puede serlo aún más en el futuro inmediato.