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La migración hacia España: de vuelta a la metrópolis

España es el segundo destino de la migración regional, lo que está asociado a factores como los vínculos históricos, familiares, culturales y lingüísticos iberoamericanos, que han operado en un espacio de disímiles desempeños económicos (Martínez, 2008; Ruiz, 2008).

Las personas nacidas en países de América Latina captadas por los censos de población pasaron de 210.000 en 1991 a 840.000 en 2001. Según los datos del Padrón Municipal de Habitantes, una fuente importante para conocer antecedentes básicos de los inmigrantes, en enero del 2004, por ejemplo, había casi 16 millones de personas nacidas en algún país latinoamericano, y tal cifra se había empinado a poco más de 2,4 millones a comienzos de 2010, tratándose principalmente de sudamericanos (véase el cuadro 5). Se trata de un contingente que ha crecido de manera constante y que en su conjunto constituye casi la mitad de las entradas de extranjeros desde el año 2000 (Domingo, 2004), además de llegar a representar casi 40% de los extranjeros en el país, lo cual explica que España sea hoy el segundo destino de la emigración regional. 

Un rasgo saliente de esta migración, reportada ampliamente en los últimos años, es la participación mayoritaria de las mujeres y su calificación elevada. Si bien su inserción laboral es segmentada, la experiencia de trabajo y los vínculos con redes sociales y familiares les permiten una rápida movilidad socio-ocupacional. Entre las actividades de mayor inserción se encuentran los cuidados a personas mayores y el servicio doméstico, hecho que ha traído una repercusión indudable: ha facilitado la movilidad social de la población nativa, especialmente de las mujeres españolas que se incorporan al mercado de trabajo. Asimismo, la participación económica de los migrantes ejerce también efectos positivos sobre el financiamiento de la seguridad social, siendo la española una sociedad que envejece demográficamente.

Es singular el hecho que durante todo este tiempo las migraciones de españoles, ya sea antiguos migrantes de retorno, sus descendientes que nunca perdieron la nacionalidad, o los que la obtuvieron más tarde, han estado siempre presentes. Hasta 1999 fueron la primera nacionalidad de flujos procedentes de la región, y en 2006 ocupaban la cuarta posición entre las entradas anuales de flujos procedentes de América Latina (Vono y Domingo, 2008).

Se ha mencionado reiteradamente que la migración de latinoamericanos a España (al menos antes de la crisis) ha tenido la especificidad de presentar una modalidad de retorno diferido generacionalmente: la inmigración se ha beneficiado en parte de las medidas que alientan, para algunas personas, la posibilidad de recuperar la ciudadanía de origen de sus antepasados, que emigraron hacia América Latina entre fines del siglo XIX y las postrimerías de la primera mitad del siglo XX (Martínez, 2008). Esta situación también se vincula con la posibilidad otorgada por la legislación española a los nacionales de países iberoamericanos para obtener la nacionalidad por residencia —legal e ininterrumpida— en un período de dos años.

Una minoría de la inmigración latinoamericana a España se asocia directamente al reconocimiento de ciudadanía; en promedio, casi una quinta parte de los latinoamericanos tiene la nacionalidad española. No obstante, en varios grupos las proporciones alcanzan a cerca de 30% o más (destacando los venezolanos, los mexicanos y los cubanos) (véase la tabla 5). Lo importante es que los latinoamericanos lideran el número de nacionalizaciones concedidas por el gobierno español, además de ser los más beneficiados por los procesos de regularización y normalización, lo que refleja un esfuerzo por integrarlos (Martínez, 2008).

Tabla 5 España: Población latinoamericana según lugar de nacimiento y nacionalidad, 2010

 
  TOTAL Nacionalidad española % Misma nacionalidad país de nacimiento % Otra nacionalidad % IM
Argentina 289.626 104.227 36,0 126.701 43,7 58.698 20,3 106,0
Bolivia (Est. Plur. de) 211.481 7.2 3,4 203.326 96,1 955 0,5 73,9
Brasil 145.676 25.558 17,5 113.358 77,8 6.76 4,6 64,3
Chile 66.913 20.013 29,9 42.321 63,2 4.579 6,8 96,1
Colombia 367.65 78.641 21,4 282.675 76,9 6.334 1,7 76,1
Cuba 103.874 47.185 45,4 53.8 51,8 2.889 2,8 81,8
Ecuador 480.213 96.998 20,2 380.963 79,3 2.252 0,5 93,8
Estados Unidos 36.693 14.101 38,4 20.041 54,6 2.551 7,0 94,5
México 46.794 20.819 44,5 24.36 52,1 1.615 3,5 76,5
Paraguay 85.883 2.346 2,7 82.483 96,0 1.053 1,2 49,4
Perú 196.627 56.142 28,6 135.997 69,2 4.488 2,3 89,0
República Dominicana 135.734 47.623 35,1 84.819 62,5 3.291 2,4 62,3
Uruguay 86.703 28.227 32,6 45.102 52,0 13.374 15,4 103,8
Venezuela 153.851 89.947 58,5 55.282 35,9 8.621 5,6 86,6
Resto Países de América 74.37 17.353 23,3 54.16 72,8 2.857 3,8 54,9
Total 2.482.088 656.381 26,4 1.705.390 68,7 120.317 4,8 82,2

Fuente: avance del Padrón Municipal Continuo de Habitantes a 1 de enero de 2010 (datos provisionales), Instituto Nacional de Estadística (INE), España.

Pese a las diversas iniciativas para la regularización, hasta hace unos años se observaba un aumento del número de latinoamericanos “sin papeles” en España. Una estimación hipotética no oficial que surge del cotejo entre las personas registradas en el Padrón Continuo de Habitantes y el número de Permisos de Residencia otorgados por el Ministerio del Interior muestra que, hacia 1999, 4% del total de extranjeros en España no estaba documentado. En el 2000 hubo un cambio en el escenario, y esa proporción subió a 15% (Izquierdo, 2004). Entre los latinoamericanos, el porcentaje de indocumentados en 2001 alcanzaba a 32%, y en 2004 a alrededor de 51%. Los extranjeros en situación irregular que más abundaban hasta esta última fecha eran los nacidos en América Latina (Izquierdo, 2004).

Considerados según país de nacimiento, los latinoamericanos que más abundan son los ecuatorianos, colombianos y argentinos, observándose un crecimiento en casi todos los grupos, y muy llamativos incrementos absolutos entre los bolivianos y paraguayos. El mismo cuadro revela que la inmigración latinoamericana en España todavía tiene un alto componente femenino, manteniendo la idea según la cual este fenómeno ha sido tradicionalmente encabezado por las mujeres, aunque se ha mencionado que en los últimos años se habría observado una tendencia hacia la masculinización del total y la entrada de significativos contingentes de menores de edad, lo que indica un aumento de las migraciones por reagrupación familiar, principalmente entre los flujos más antiguos (Vono y Domingo, 2007).

El protagonismo de las mujeres en la migración regional hacia España tiene estrecha relación con la existencia de una demanda de mano de obra inmigrante en nichos laborales tradicionalmente feminizados, como el servicio doméstico y el cuidado de ancianos (Martínez Buján, 2003; Pérez, 2004). Más de 40% de las mujeres inmigrantes trabaja en el servicio doméstico, mientras que los hombres laboran en mayor medida en la construcción (un tercio de los ocupados), la industria y la agricultura.