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Bolivia - Síntesis histórica de la migración internacional

La región conocida hoy como Bolivia ha sido ocupada continuamente por más de 2.000 años. Los pueblos tiahuanaco y mojos desarrollaron técnicas avanzadas agrícolas y arquitectónicas antes de desaparecer en el siglo XIII. Alrededor de 1450, los incas quechua parlantes pene- traron la zona moderna altiplana de Bolivia y la sumaron a su imperio, el cual controlaron hasta la
conquista española de 1525 (Global Edge, 2012).

Durante la mayor parte del periodo colonial español, las minas de plata bolivianas produjeron gran parte de la riqueza del imperio español. De hecho la ciudad minera de plata llamada Potosí fue por muchos años la ciudad más rica y grande de las Américas. Tenía 160.000 habitantes en 1660. Pues- to que los esclavos africanos morían con frecuencia al realizar el arduo trabajo de minería a gran- des alturas y frías temperaturas, eran las poblaciones indígenas quienes hacían la mayor parte de esta labor. Sin embargo, los esclavos africanos se convirtieron en una subcultura aimara en las Yungas, que colonizaron para el cultivo de la coca (Global Edge, 2012, y Hudson y Hanratty, 1989).

Su independencia fue proclamada en 1809. Pasaron 16 años de lucha antes del establecimiento de la república el 6 de agosto de 1825. Para fines del siglo XIX, un aumento en el precio mundial de la plata le trajo prosperidad y estabilidad política a Bolivia, pero eventualmente el estaño remplazó a la plata como la fuente más importante de riqueza del país durante la primera parte del siglo XX. Se eligieron gobiernos sucesivos controlados por la élite social y económica (Global Edge, 2012).

Inmigración

Si bien Bolivia, en tiempos más contemporáneos, se ha caracterizado por ser un país de emigra- ción, el Estado boliviano ha fomentado la inmigración internacional en distintos periodos de su historia, con el objetivo de poblar sus tierras, principalmente las del oriente boliviano (Hudson y Hanratty, 1989). Durante el siglo XX grupos de judíos, menonitas y japoneses arribaron al territorio boliviano (OIM, 2012).

Desde sus inicios el país adoptó una política de apertura a la inmigración de extranjeros al te- rritorio. Mediante la Primera Ley de 24 de mayo de 1826, dictada por Antonio José de Sucre, se establece que “los hombres de todos los pueblos y naciones son invitados a venir a Bolivia, donde su libertad civil tiene todas las garantías que dan las leyes bolivianas” (Torales, González y Pérez Vichich, 2003). “Uno de los deberes más grandes del país es aumentar la población, lo que haría de Bolivia un país mucho más rico y para hacerlo el país debe motivar la migración” (Pereira, 2011).

El crecimiento de la población boliviana fue continuo pero lento, con excepción del decrecimiento importante sufrido el año 1900, como resultado de la perdida territorial de salida al mar. Este su- ceso histórico trazó en muchos sentidos los lineamientos de la política migratoria en Bolivia. Como parte de los esfuerzos por proteger el territorio nacional, Bolivia activamente reclutó inmigrantes para poblar extensas zonas del país y para evitar invasiones de los países limítrofes que implicaran nuevas pérdidas territoriales (USA International Business Publication, 2005).

En 1926, el Estado boliviano pasó una ley que exenta de impuestos a aquellos inmigrantes que se asentaron en el territorio nacional con fines productivos (Informe Nacional de Bolivia, 2012). Esta ley hace referencia por primera vez a la gestión y regulación de flujos migratorios laborales, esta- bleciendo que aquellos empleadores que deseen contratar inmigrantes deberán necesariamente contar con la autorización de la Oficina de Inmigración. El Estado boliviano guardaba una política de promoción a la inmigración a través de la inmigración selectiva y planificada, enfocada especial- mente a zonas rurales. En las décadas siguientes, el país recibió pequeños grupos de inmigrantes: a partir de los años 1920 llegaron cerca de 800 árabes y entre 1938 y 1941 entraron de 10.000 a
15.000 judíos (Jemio y Pacheco, 2008).

Asimismo, en respuesta al éxodo importante de trabajadores bolivianos al exterior en los años 1930, el Estado Boliviano decretó la emisión de autorizaciones para los emigrantes. El incum- plimiento a esta disposición implicaba la sanción con multas a los infractores. Las disposiciones citadas prohibían a las representaciones consulares en el exterior el registrar o prestar ayuda alguna a los bolivianos que no cumplan con esta disposición. Los Decretos Supremos establecían un seguro de repatriación, el mismo que debía ser cubierto por el empleador para el retorno de los trabajadores bolivianos.

En 1950 se promulga una ley de concesión de tierras a colonizadores, que autorizaba a la autoridad competente a conceder a título gratuito hasta 400 hectáreas de tierras fiscales a cada familia de colonizadores nacionales o extranjeros que realizaran actividades agropecuarias o industriales en los departamentos de Chuquisaca y Tarija. Aquellos que se asienten en el departamento de Santa Cruz gozarían de exenciones tributarias y facilidades crediticias para su asentamiento.

A partir de la década de 1950 se promueve vigorosamente la inmigración internacional. La inmi- gración de japoneses, concretada a través de un convenio entre los Gobiernos de Japón y Bolivia, asentó 1.085 familias (6.165 personas) en el departamento de Santa Cruz, entre 1956 y 1977. A principios de los años 80, sin embargo, solamente quedaban 1.400 japoneses ya que muchos opta- ron por salir rumbo a Brasil y Argentina, y algunos de retorno a Japón. Los inmigrantes menonitas, asentados también en Santa Cruz, se organizaron en once colonias. Al igual que los japoneses tuvieron problemas de adaptación, y por su aislamiento, muchos dejaron el país.

En 1976 se promulgó una Ley de Inmigración que reconocía a la inmigración como un instrumento de política demográfica, destinado especialmente a crear o impulsar el crecimiento de la población y lograr el incremento de la producción agropecuaria en el país.

De acuerdo a política, se intentó atraer una inmigración de agricultores salvadoreños aunque ésta no prosperó. Hacia 1979, se asentó en el Departamento de Santa Cruz un grupo de inmigrantes rusos procedentes de Brasil. En el mismo periodo, también se permitió el ingreso de chinos y co- reanos dedicados básicamente al comercio y a industrias menores, especialmente en las ciudades.

La cantidad total de inmigrantes a lo largo del siglo XX nunca supuso un volumen significativo, situándose alrededor del 1% de la población entre los censos de 1976 y 2001, sin llegar a superar las 100 mil personas. Los países limítrofes constituyeron los principales emisores de migración hacia el territorio boliviano. En este sentido, argentinos, brasileños y peruanos han sido los colec- tivos extranjeros más numerosos en el país, estableciendo su residencia principalmente en Santa Cruz, La Paz y Cochabamba, lugares que se han caracterizado por un mayor desarrollo económico (CELADE-OIM, 1998).

Emigración

El flujo emigratorio de nacionales bolivianos hacia el exterior ha tenido un ascenso. De acuerdo al último Censo Nacional de Población y Vivienda de 2001, la población subía a más de 8 millones de habitantes, número que según lo proyectado para el año 2010 alcanzó más de 10 millones. Según información proporcionada por las representaciones consulares, en el año 2009, se estimaba que más del 20% de la población boliviana se encontraba fuera del país. De acuerdo a esta fuente, de los aproximadamente 2.1 millones de bolivianos radicados en el extranjero, 60% residían en Argen- tina, 16 % en España y 12% en Estados Unidos, siendo estos los tres principales destinos para los bolivianos (MRE Bolivia, Dirección General de Asuntos Consulares, 2009).

Argentina ha sido el destino tradicional de la migración boliviana. Se cuenta con datos que evi- dencian que desde el siglo XIX se produjo el asentamiento del colectivo boliviano, el cual se ha incrementado en las décadas recientes, principalmente a partir de los anos 1960: 1) por la crisis económica que atravesó Bolivia y 2) por la demanda de mano de obra en actividades productivas como la zafra y la cosecha del tabaco en la zona fronteriza (Maguid, 1995).

En décadas recientes, España se ha convertido en un destino importante para los bolivianos que deciden emigrar. Esto es consecuencia de dos hechos fundamentales: 1) la crisis económica que afectó a la República de Argentina hacia finales del año 2000 y 2) el endurecimiento de las medidas migratorias para el ingreso a los Estados Unidos.

Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) de España, en el Censo1 de 2001 existían aproximadamente 279 mil bolivianos en España. Por su parte el Ministerio de Relaciones Exterio- res de Bolivia maneja la cifra de más de 340 mil bolivianos que se encuentran en territorio español, siendo los cinco destinos preferidos Madrid, Barcelona, Valencia, Murcia y Sevilla (INE 2001 y el Informe Nacional de Bolivia 2012).

El flujo migratorio hacia Estados Unidos comenzó en los años 1970 y adquirió mayor vigor en los años 1980. Se tiene como estimación no oficial que alrededor de 200 a 250 mil personas de nacio- nalidad boliviana se encuentran en territorio estadounidense. De hecho, la comunidad boliviana se constituye en la segunda comunidad hispana más importante del área metropolitana de Wash- ington, D.C. (Distrito de Columbia, Virginia y Maryland). También hay comunidades bolivianas en menor escala en San Francisco, Los Ángeles, Nueva York, Miami y Chicago (Informe Nacional de Bolivia, 2012).

El Plan Nacional de Desarrollo de Bolivia 2006-2010 estableció la atención y documentación del ciudadano boliviano en el exterior como garantía y protección del Estado. Se crea la Gestoría Con- sular en beneficio de los bolivianos radicados en el exterior del país con el mandato de dotar a los emigrantes de documentos cursantes en registros públicos como por ejemplo actos civiles, nacimientos, matrimonio y defunción; antecedentes policiales o penales; estudios académicos rea- lizados, legalizaciones, y otros.

Las remesas enviadas por los migrantes bolivianos a sus familias constituyen un 5% del Producto Interno Bruto (PIB) del país. Aunque el volumen de las remesas ha disminuido en los últimos dos años debido a la actual crisis internacional, en 2010 se ubicaba en USD $937.2 millones (OIM, 2012).