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Chile - Síntesis histórica de la migración internacional

En 1541, Pedro de Valdivia fundó Santiago, la capital de Chile, y por casi tres siglos el país fue una colonia española. El país se desarrolló lentamente porque no poseía la riqueza -los depósitos de oro y plata- que atraían las inversiones españolas ni tampoco la disposición de la población indígena a trabajar para los colonizadores. Los centros de colonización de Chile esta- ban lejos de los centros principales de colonización de Perú. A lo largo del tiempo, la agricultura se convirtió en la principal ocupación de los habitantes del Valle Central de Chile (Rector, 2005, y Hudson, 1994).

Los esclavos negros conformaban una minoría de la población del Chile colonial y tenían un estatus especial debido a los altos costos de su importación y mantenimiento. Sin embargo, la esclavitud fue abolida poco después de que el país declarara su independencia de España en 1818. La pobla- ción amerindia y la constante afluencia de españoles -desde mediados del siglo XVI hasta el final del periodo colonial- definieron la principal composición de la población chilena al momento de la Independencia, una mezcla de nativos y sangre española, pero en la que el elemento español fue más importante que en otras poblaciones mestizas andinas, en gran parte porque los chilenos estaban más aislados y tenían menos necesidad de trabajo forzado que las otras colonias. La eco- nomía estaba basada esencialmente en el trabajo agrícola de temporada (Caistor, 2005, y Hudson, 1994).

El cuadro político del momento, como la necesidad de consolidar la Independencia y de reafirmar la soberanía sobre el territorio nacional, acapararon el interés vital del gobierno chileno durante esos años. Sin embargo, el último factor mencionado impulsó al gobierno a esbozar una tímida y selectiva legislación sobre materias relativas a la inmigración, sobre todo porque la llegada de extranjeros parecía ser una solución a las exigencias que planteaba el modelo de desarrollo eco- nómico global, como también porque sería una vía para poblar las extensas zonas el territorio que tenían soberanía nominal y déficit de población (Ulianova y Norambuena 2009). Razón por la que Chile comienza a impulsar una política migratoria en la que no estaban ausentes las ideas de civi- lización, progreso y la utopía agrícola.

La demanda de materias primas americanas por parte de Europa generaba una creciente nece- sidad de mano de obra para impulsar las economías exportadoras de la región. Ulianova y No- rambuena (2009) señalan que en estos países, de lento crecimiento demográfico, era necesario aumentar la población a través de un programa inmigratorio masivo. Más aún, si se tenía en con- sideración que éste elemento, en cierta manera, daba la medida del progreso de un país. En suma, había tierra que cultivar, industrias que desarrollar y gente a quienes civilizar.

La campaña de captación de migrantes europeos tuvo dos objetivos, primero que poblaran los es- pacios vacíos y segundo que contribuyeran a los planes de desarrollo agrícola e industrial (Ulianova y Norambuena, 2009).

A lo largo del siglo XIX Europa evidenció una avalancha migratoria difícil de atribuir a una u otra condición de detonante. Entre las más generales, se pueden reconocer aquellas que con diferente intensidad o matiz impactaron a toda Europa: la expansión del liberalismo a partir de 1830, la ex- pansión de la Revolución Industrial y sus inmediatas consecuencias sociales; las grandes transfor- maciones que se van a producir a partir de la modernización de la agricultura y los consiguientes cambios en la estructura demográfica (Ulianova y Norambuena, 2009).

Inmigración

A mediados del siglo XIX, los extranjeros residentes en Chile no superaban las 20 mil personas. (Pé- rez, Sanhueza, y González, 2011). El gobierno recién independiente buscaba estimular la inmigración europea, y a partir de 1845, tuvo algo de éxito en atraer principalmente a migrantes alemanes al sur de Chile. Los extranjeros de Inglaterra y Escocia también llegaron, y algunos establecieron negocios de exportación e importación. Otros inmigrantes europeos, especialmente italianos del norte, fran- ceses, suizos y croatas, llegaron a fi es del siglo XIX (Caistor, 2005, y Hudson, 1994).

Hacia inicios del siglo XX el número de personas nacidas en el extranjero alcanzó 132.000, des- cendiendo a poco más de 60.000 en el censo de 1982. En los últimos dos censos (1992 y 2002), el número de extranjeros residentes superó las 100.000 personas, llegando a algo más de 184.000 extranjeros en 2002, cifra que es más del doble que la observada veinte años antes.

En términos relativos, el porcentaje de extranjeros creció desde 1854 hasta 1907, cuando alcanzó el mayor aporte porcentual. En esta época, alrededor de cuatro por cada 100 personas habían nacido en el extranjero. A partir de 1907 el porcentaje disminuyó gradualmente hasta dar la vuelta en la década de 1990 cuando la población nacida en el extranjero representaba todavía menos del 1% de la población total. Desde entonces ha aumentado levemente a un poco más del 2% en 2010 (cuadro 1). Respecto al tema de género, la representación porcentual masculina nacida en el extranjero fue superior a la femenina nacida en el extranjero entre los censos de 1907 a 1972, aunque la tendencia durante este tiempo ilustra una disminución general del porcentaje de hombres a mujeres. En los censos de 1982 y 1992 se observó un similar porcentaje de hombres y mujeres extranjeros en el país, mientras que en 2002 las mujeres superaron levemente a los hombres.

La inmigración hacia Chile ha provenido históricamente desde sus países limítrofes, es decir, Ar- gentina, Bolivia y Perú, y de algunos países europeos, Alemania, España e Italia (Información de censo y Rector, 2005). Últimamente, ha aumentado la migración de Colombia y Ecuador.

Considerando los inmigrantes en Chile por continente, entre 1907 y 1970 predominó la inmigración europea. No fue sino hasta el censo de 1982 que se observa un cambio en la procedencia del mo- vimiento migratorio, pasando a predominar los extranjeros nacidos en Sudamérica. Cabe señalar que de acuerdo con el censo de 2002, los inmigrantes limítrofes residentes en el país constituían el 53% del total de los inmigrantes (Información de censo y Pérez, Sanhueza y González, 2011).

Los españoles fueron el grupo de inmigrantes más populoso entre los años 1920 y 1950, con por- centajes que oscilaron en torno al 22%. Sin embargo, esa importancia relativa fue decayendo a partir de la década de 1960 para llegar al censo de 2002 con una población que representaba el 5% del total de inmigrantes residentes.

De acuerdo con el censo de 1907, aproximadamente el 21% de los inmigrantes residentes en el país eran peruanos. Sin embargo, los censos posteriores muestran una caída sustancial de este por- centaje, para recuperar el mismo nivel un siglo después. Por otro lado, los inmigrantes bolivianos muestran una tendencia decreciente de su población en Chile, pasando del 15% en 1907 al 6% en 2002. La situación opuesta, sin embargo, es observada entre los inmigrantes argentinos, que han mostrado a través de los censos que son un grupo en crecimiento. Aunque sus números disminu- yeron un poco en el censo de 2002, los inmigrantes argentinos han mantenido su preponderancia, llegando a alcanzar 30% del total de inmigrantes de acuerdo a las cifras del censo de 1992.

En general, la inmigración en Chile ha tenido una influencia menor en el total de la población del país. En términos de porcentajes, la población extranjera ha fluctuado entre el 0.7% y el 4.1% del total nacional. En el momento de menor presencia de inmigrantes (1982) existía un emigrante por cada 100 habitantes, y en el momento de mayor presencia (1907) había en Chile aproximadamente cuatro migrantes por cada 100 habitantes.

La inmigración en Chile a lo largo de estos años, ha ocurrido por razones económicas y de esta- bilidad política; las tasas de inmigración más altas se pueden observar en momentos en que el país pasa por bonanzas económicas y de paz social. De acuerdo a los datos entregados por el INE, durante el auge del salitre (1880-1910)2, Chile tuvo en términos porcentuales la mayor cantidad de inmigrantes, número que comenzó a descender a partir de la crisis económica y política de 1982 que siguió al golpe militar de 1973 y que no volvió a aumentar hasta la reactivación económica de los años 90.

El seguimiento de los inmigrantes más frecuentes a través de los censos, de los países que han aportado el mayor número de volumen de extranjeros- predominando Argentina, Bolivia, Perú, España y Alemania- permite detectar que en el caso de los censos de la primera mitad del siglo XX claramente predominaban los hombres con excepción de Perú en 1920 y de Argentina en 1940 y 1952, en que hubo predominio femenino. Entre los censo de 1960 y 1970 se debilitó el predominio masculino entre los residentes extranjeros en Chile y a partir del censo de 1982 la mayoría de los países con mayor número de migrantes pasó a ser principalmente femenina, con excepción de los españoles y los nacidos en EEUU.

Chile, desde la segunda mitad de la década de los años 90 ha venido experimentando un profundo cambio en sus dinámicas migratorias, transformándose en un país de acogida de trabajadores y familias migrantes. Según datos recientes en Chile residen del orden de 350 mil migrantes, prove- nientes de países de la región sudamericana, principalmente de países limítrofes (Perú, Argentina, Bolivia, Ecuador y Colombia).

En la actualidad, es posible observar como los migrantes tienen una mejor calificación en los mis- mos rubros laborales que los nacionales, realizan importantes aportes al desarrollo de determi- nadas áreas de la actividad económica, especialmente en zonas con crisis de oferta de mano de obra nacional. Un caso elocuente es la situación de los trabajadores migrantes –algunos de ellos irregulares – en los valles del interior de la Región de Arica-Parinacota. Además del aporte de los profesionales de la salud en diversas zonas del país. Incluyendo, a los nacionales formados en el exterior, y que en su regreso se han incorporado al quehacer del país.

Las cifras del Censo 2002 arrojaron un porcentaje de extranjeros en el país que apenas alcanzó al 1.2 % de la población, pero con un aumento del 75% respecto del Censo de 1992. Aun así lejano a los índices mostrados por países históricamente receptores de población como Argentina (4%), y lejos también del 4% que ostentaba Chile en la primera mitad del siglo XX.

Los países con mayor porcentaje de población en Chile son -en orden según cifras- Argentina, Perú, Bolivia, Ecuador, España, EEUU, Brasil, Alemania, Venezuela y Colombia. Del total de ex- tranjeros (184.464), 88.124 son hombres y 96.340 mujeres.

Emigración

Chile se convirtió en un país de emigración después del golpe militar de 1973. Los ciudadanos partieron hacia países como Argentina, Australia, Canadá, Venezuela, y Suecia, muchos de los cuales tenían políticas de puerta abierta hacia los refugiados. Durante esta época, más de 500.000 chilenos se marcharon voluntariamente o fueron forzados a huir del país (Doña-Reveco y Levinson, 2004, y Wright, 2004).

De vuelta en el orden democrático en 1989, muchos chilenos y sus familias que habían vivido en el exilio regresaron, y entre 1990 y 1993, el gobierno democrático creó un programa de retorno que buscaba atraer a los exiliados y ayudarles a reintegrarse. Aunque este programa fue usado por aproximadamente 56.000 personas, también ayudó a establecer contacto con más de 100.000 chilenos residentes en el extranjero (Doña-Reveco y Levinson, 2004, y Wright, 2004).

Además, durante esos años, Chile empezó a experimentar una creciente estabilidad económica. Este desarrollo, en conjunto con el deterioro de la situación económica y política de otras nacio- nes de la región hizo de Chile una alternativa atractiva para los inmigrantes. Este atractivo se vio reflejado en particular por los flujos migratorios sin autorización o irregulares. En 2001, se estima que residen entre 15.000 y 20.000 inmigrantes irregulares en el país, muchos de ellos con visas vencidas (Doña-Reveco y Levinson, 2004, y Collier y Sater, 2004).

Actualmente, entre 750.000 y 850.000 chilenos viven en el extranjero (aproximadamente 6% de la población del país), según los estimados más recientes del gobierno en 2005. A pesar de su más reciente atractivo para los inmigrantes, Chile continúa teniendo una tasa neta de migración nega- tiva. Los estimados actuales del gobierno muestran que por cada inmigrante residente en el país son tres los chilenos que viven fuera. Históricamente, el principal país receptor ha sido Argentina, que tiene una alta demanda de mano de obra y centros urbanos altamente industrializados. Argen- tina tiene más de 429.000 chilenos de primera y segunda generación, la comunidad chilena más grande en el extranjero. Desde el retorno a la democracia en 1990, Chile también ha experimen- tado un crecimiento en la emigración a los Estados Unidos y Europa, siendo España en particular un gran atractivo para chilenos que buscan estudios de posgrado (Doña-Reveco y Levinson, 2012).

Las remesas de chilenos en el extranjero no son muy significativas para la economía del país: para 2011 las remesas fueron de aproximadamente 936 millones de dólares, lo que representa un 0.5% del PIB según el Banco Interamericano de Desarrollo (Fondo Multilateral de Inversiones, BID, 2011).