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Costa Rica - Síntesis histórica de la migración internacional

Costa Rica tiene un perfil migratorio complejo dado a los continuos flujos de inmigración, emi- gración y tránsito. En el año 2000, Costa Rica era uno de los países del hemisferio con el porcentaje más alto de inmigrantes (7.8% de su población total, según el censo de 2000).  Dicha población estaba compuesta fundamentalmente por personas procedentes de Nicaragua (76%), seguido por colombianos (4%), panameños (3.3%), salvadoreños (3%) y estadounidenses (Morales, 2008). En el pasado reciente los flujos migratorios se intensificaron significativamen- te debido factores económicos y sociopolíticos. Primero, se produjeron importantes movimientos forzados como consecuencia directa de los conflictos militares de los años 1980 (Centroamérica) y 1990 (Colombia), así como por el recrudecimiento de las condiciones de pobreza y desigualdad en la región centroamericana (CEPAL, 2000; Rivillas, 2008). Aunque sigue siendo básicamente un país de destino, desde finales de los años 1990, se han incrementado los flujos de emigración, sobre todo a Estados Unidos.

 Inmigración

Costa Rica adquirió su nombre cuando los españoles, esperando encontrar una abundancia de oro, la nombraron así. En 1502, Cristóbal Colón llegó a Costa Rica durante su cuarto y último viaje al Nuevo Mundo. A lo largo de tres siglos reinaron los españoles. Sin embargo, puesto que la po- blación indígena no era muy grande, los españoles no pudieron establecer un extenso sistema de trabajo forzado. La población esclava africana también era relativamente pequeña en comparación a otros países. Por consecuencia, Costa Rica se desarrolló de forma diferente a otras naciones la- tinoamericanas, produciendo una sociedad agraria más bien independiente e individualista (Foley y Cooke, 2008).

Costa Rica obtuvo su independencia de España el 15 de septiembre de 1821, sin derramar sangre, luego de que otras colonias centroamericanas hubieran peleado para obtener la suya. Mientras que Costa Rica se unió a otras provincias centroamericanas en 1821 en una declaración conjunta de independencia de España, la confederación pronto se disolvió como resultado de disputas fron- terizas entre los países (Foley y Cooke, 2008).

En el Caribe costarricense ocurrieron dos grandes eventos que contribuyeron a los primeros flujos migratorios hacia Costa Rica: la construcción del Ferrocarril (1871-1874) y luego la producción bananera a gran escala en manos de la transnacional UFC (1899). Este último evento propició la inmigración de chinos y especialmente, de jamaiquinos (Bariatti, 1987???).

Aunque la constitución de 1871 no imponía ningún obstáculo a la inmigración extranjera, en las décadas siguientes se crean leyes para restringir la inmigración con el fin de ofrecer al Estado un instrumento jurídico que le permitiera seleccionar a los inmigrantes (OEA, 1995). Estas leyes espe- cíficamente se proponen impedir el ingreso de determinados grupos étnicos. Por ejemplo, en 1897 se prohíben nuevas inmigraciones de chinos y en 1904 de árabes, armenios, turcos y gitanos. En 1910 se permite de nuevo el ingreso de estos grupos siempre que pagaran las regalías pertinentes (Bariatti, 1987).

En el siglo XX hay una clara tendencia al predominio de la población migrante de otros países centroamericanos (Nicaragua y Panamá en primero y segundo lugar, respectivamente) mientras la importancia numérica de la migración europea definitivamente tiende a descender. En 1927 se contabilizaban más de 6.000 europeos; en 1973 su número había caído a menos de 4.000; y para 1984 representaban menos del 0,2% de la población total (Calderón y Bonilla, 2007).

En cambio, para 1927 la población nicaragüense representaba aproximadamente el 2% de la po- blación costarricense y para 1984, a pesar de una masiva afluencia de la población que huye de la guerra en Nicaragua, el número de inmigrantes tiene de nuevo un considerable aumento, ascendi- endo a casi 46.000, o aproximadamente el 2% de la población total (Calderón y Bonilla, 2007).

Además, para 1927, la población jamaiquina representa más del 3% de la población de Costa Rica. No obstante, en el transcurso del siglo desciende abruptamente, cayendo a 1% para 1950 y a 0,01% para 1984 (OEA, 1995).

Mientras que en los últimos tres censos (1963, 1973 y 1984) se advierte una tendencia a la dis- minución de las nacionalidades que componen la población migrante, la población nicaragüense tiende a afirmarse como la población inmigrante mayoritaria con aproximadamente la mitad del número total de inmigrantes (OEA, 1995). En 1984, los inmigrantes nicaragüenses representaban el 52% del total de la población extranjera en Costa Rica, cifra que aumentó al 73% en 1997 (CE- PAL, 2000). Para el año 2005, Costa Rica albergaba a 335.000 nicaragüenses (casi 46% del total de inmigrantes de ese país), cifra superior a los nicaragüenses registrados en Estados Unidos para el mismo año (CEPAL, 2000).

La población inmigrante en Costa Rica proveniente de los Estados Unidos, Canadá y Europa pre- sentó un crecimiento constante pero lento durante las últimas décadas del siglo XX. Estos migran- tes son los llamados migrantes de amenidad que están en búsqueda de buen clima, naturaleza, cultura y lujo asequible para su jubilación. Costa Rica también cuenta con políticas amistosas para la adquisición de visas, la compra de bienes raíces y el pago de impuestos. Según el censo nacional de población 2000, más de 17.000 inmigrantes de dichos países habitaban en Costa Rica. Si bien en términos absolutos, los estadounidenses y canadienses (10.568) tenían un mayor peso que los europeos (6.711), de forma relativa son los europeos quienes han presentando superiores tasas de crecimiento entre las rondas censales de 1990 y 2000 (Calderón y Bonilla, 2007).

La migración ha sido parte integral del desarrollo costarricense. Especialmente a partir de los años 1980, Costa Rica ha desempeñado un rol central como país de destino para diversos flujos mi- gratorios en un consolidado sistema migratorio centroamericano (Voorend y Robles, 2010; Morales y Castro, 2006). Al mismo tiempo, una parte relevante de la población costarricense decide migrar a diferentes países dentro y fuera de la región (Caamaño Morúa, 2010; Sandoval, 2005).

Emigración

Debido al estancamiento económico en la región centroamericana durante los años 1980, los flujos de emigración aumentaron (Gatica, 2011). En 1980 se registró un total de más de 38.000 emigran- tes costarricenses viviendo en el extranjero, y estos flujos migratorios se dirigieron fundamental- mente afuera de la región (90%), y muy poco a países centroamericanos (10%) (De los Ángeles y Valverde, 2002). Para 1990, un total de 57.000 costarricenses vivían en el exterior, equivalente a un 1.8% de la población total de aproximadamente de 3 millones de habitantes, proporción similar a la de diez años atrás (Calderón y Bonilla, 2007).

La emigración hacia Estados Unidos inició en la década de 1980 con la caída de los precios del café en el mercado mundial y debido a los efectos de las políticas de ajuste estructural en el sec- tor agrario costarricense (Caamaño, 2007). Los costarricenses, junto con otros emigrantes cen- troamericanos, encontraron un destino atractivo en los Estados Unidos, algunos en búsqueda de mejores oportunidades económicas y otros por refugio político y social (Mahler y Ugrina, 2006).

De acuerdo con el censo de 1980, se identifica que Estados Unidos (29.639) es el principal receptor de costarricenses, seguido por Panamá (3.359), México (1.841) y Venezuela (1.713). Para 1990, cre- ce en términos absolutos y relativos la cantidad de costarricenses en Estados Unidos. Del total de costarricenses fuera de Centroamérica (44.800 aproximadamente), Estados Unidos albergaba más de 39.000 emigrantes ticos, seguido por México (1.500 aproximadamente). Ambos censos (1980 y 1990) muestran que los emigrantes extrarregionales (viviendo fuera de Centroamérica) se concen- traban en edad productiva y eran en su mayoría mujeres (De los Ángeles y Valverde, 2002).

En 2008, algunas estimaciones registraban alrededor de 182.500 migrantes costarricenses, de los cuales aproximadamente el 74% (134.800 personas) se concentran en Norteamérica, mientras que la región centroamericana alberga casi 11% (19.800) de ellos, cifra inferior al registrado en el resto de países (15%) (Estado de la Nación, 2008).