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Ecuador - Síntesis histórica de la migración internacional

A pesar de los cambios demográficos que la conquista española (siglos XVI – XIX) produjo en la población originaria, los flujos migratorios hacia y desde Ecuador permanecieron relati- vamente constantes hasta la segunda mitad del siglo XX. Es durante los últimos cincuenta
años que Ecuador ha experimentado grandes movimientos migratorios tanto dentro como fuera de sus fronteras (Carrión y Ruiz, 2011). La emigración, por ejemplo, se incrementó a niveles sin precedentes en un contexto de fuerte urbanización, mal desempeño de la exportación y una aguda crisis financiera (Jokisch, 2007).

Inmigración

Históricamente, la estructura socio-económica instaurada durante la época colonial se ha mante- nido en los siglos siguientes a la independencia, perdurando en los siglos XX y XXI Carrión y Ruiz, 2011). Los descendientes de las familias europeas han mantenido la propiedad de sus tierras y otros recursos naturales y emplean a un numeroso campesinado. El estrato socioeconómicos más alto consiste de grandes terratenientes de las Sierras (región interior con producción agrícola- ganadera, caucho y petróleo) y aquellos de la costa (región costera centrada en la agricultura de exportación, como el cacao y el banano) (Hanratty, 1989).

Entre fines del siglo XIX y principios del siglo XX, la economía de Ecuador prosperó sobre la base de la producción de sombreros Panamá (paja toquilla) y la exportación de cacao. Este “boom de ex- portación” atrajo a otro importante grupo de la sociedad ecuatoriana denominado “los libaneses”, quienes escapando de la opresión otomana en su país, se integraron rápidamente como comer- ciantes y vendedores (Jokisch, 2007). El término “libaneses” se aplica de manera generalizada a las personas de habla árabe, predominantemente inmigrantes cristianos con ancestros de origen sirio, palestino o libanés (Roberts, 2000). Si bien resulta difícil precisar la importancia numérica de esta inmigración, su impacto social es ampliamente reconocido, ya que entre sus descendientes se encuentran dos presidentes de Ecuador y también algunas familias de alto nivel socioeconómico (Roberts, 2000).

Durante el siglo XIX, en respuesta a la economía de exportación del país, ingresaron al país otros grupos, aunque en menor escala que en años anteriores: armenios, vascos, británicos, griegos, franceses, alemanes e italianos (Carrión y Ruiz, 2011). En general, la mayoría de las familias de ascendencia europea llegaron a la capital y pasaron a formar parte de la élite. La mayoría de los matrimonios han tendido a mantenerse dentro del grupo.

Un número aún menor de migrantes chinos y japoneses también llegó al país durante este tiempo, generalmente para ocupar trabajos como mineros, peones y pescadores (Carrión y Ruiz, 2011).

Emigración

En las primeras décadas del siglo XX, e impulsados en parte por el auge de la agroindustria bana- nera y el cacao, los grupos socioeconómicos más altos en Ecuador comenzaron a enviar a sus hijos a estudiar al exterior. El principal destino, hasta la década de 1920, fue Francia. En 1930 y 1940 esta tendencia cambió y comenzó a generarse un flujo importante hacia Estados Unidos.

No fue sino hasta la década del 50 que Ecuador comenzó a tener una emigración de proporciones considerables. En esta época, la emigración se vinculó mayormente con hombres jóvenes de las zonas del Austro Ecuatoriano que producían sombreros Panamá y en donde la crisis en la produc- ción provocó la emigración a Estados Unidos, Canadá y Venezuela (CEDHU, 1997).

La mayoría de estos emigrantes no regresó al país, pero creó redes de expatriados que condujeron a mayores flujos migratorios. Durante el mismo periodo, la población indígena kichwa otavalo comenzó a emi- grar a los Estados Unidos y a ciertos países europeos. Su emigración, no obstante, fue temporaria de carácter comercial, relacionada con la venta de sus artesanías (CEDHU, 1997).

A nivel interno, la migración aumentó a las ciudades principales de Quito y Guayaquil, que se con- virtieron centros de urbanización masiva. La ciudad de Guayaquil, por ejemplo, duplicó su pobla- ción en menos de 12 años, de 1950 a 1962 (OIM, 2008).

Durante los años 70, la emigración continuó pero a menor escala. Emigrantes de varias comuni- dades de las provincias de Azuay y Cañar (anteriormente vinculados con el comercio de sombreros Panamá) se contactaron y colaboraron con las redes de migración clandestina que movilizaba personas hacia Centroamérica y México, de camino a los Estados Unidos. Un pequeño número de ecuatorianos migró a Venezuela, cuya economía se vio favorecida por el aumento en los precios del petróleo durante la década de 1970 (Jokisch, 2007).

Durante los años 80, la bonanza petrolera se desaceleró y los precios del petróleo cayeron. Ecua- dor se vio atrapado por la recesión, la alta inflación y el desempleo. Hasta finales de los años 90 el proceso emigratorio estuvo encabezado por habitantes de la región andina austral; muchos ar- tesanos rurales de Azuay y Cañar emigraron a los Estados Unidos. La mayoría de los hombres se convirtieron en trabajadores temporarios o consiguieron empleo en la industria de los servicios, mientras que las mujeres encontraron trabajo en la industria de la indumentaria, en restaurantes o como empleadas domésticas. La población kichwa otavalo continuó con su clásico patrón migrato- rio, caracterizado por la inmigración temporaria dedicada al comercio de artesanías. Este periodo también fue testigo de un incremento en las restricciones de inmigración por parte de Estados Unidos (CEDHU, 1997). A principios de los años 90, y como consecuencia del conflicto militar con Perú (1995-1998), grupos de emigrantes de la ciudad de Loja se fueron a España. Esta migración creó la primera verdadera red migratoria ecuatoriana a Europa (Abott, 2000).

España demostró ser un destino cada vez más atractivo debido a un acuerdo existente que permitía a los ecuatorianos ingresar al país como turistas, sin necesidad de visa. España también ofrecía abundantes empleos de poca calificación en la economía informal. Además los inmigrantes ecua- torianos hablaban el idioma del país. Esta apertura duró hasta 2003, año en el que España comenzó a solicitar visa a los ecuatorianos, a la vez que realizó importantes reformas en su Ley de Extran- jería, que tiende a restringir cada vez más la entrada de extranjeros. También durante este periodo emigraron los ecuatorianos a Italia y Australia pero en menor medida.

En Ecuador, los bajos precios del petróleo y las frecuentes inundaciones que afectaron las exporta- ciones de los cultivos -sumado a la inestabilidad política y la crisis financiera- causaron una segun- da crisis económica a fines de los 90. La moneda nacional, el sucre, perdió más de dos tercios de su valor; la tasa de desempleo subió al 15 % y el índice de pobreza alcanzó un 56 % (Jokisch, 2007). En el año 2000, Ecuador sufrió una crisis política que culminó con el derrocamiento de su Jefe de Estado. La ola migratoria que siguió estos hechos afectó a todos los sectores de la sociedad.

Desde el año 2000 al 2008 alrededor de un millón y medio de ecuatorianos dejaron el país en respu- esta a las condiciones adversas que se vivían en el país. Muchos de ellos se fueron a países de la Unión Europea (OIM, 2008). Sin embargo, en general, los principales destinos durante este periodo fueron España, los Estados Unidos e Italia, y en menor medida Francia, Holanda, Alemania, Reino Unido, Bélgica, Suiza, Canadá, Chile y Venezuela. Según estudios llevados a cabo por la CEIEME

(Comisión Especial Interinstitucional de Estadísticas de Migraciones en el Ecuador), aproximada- mente el 11 % de la población total y el 30 % de la población económicamente activa vivía en el exterior hacia fines de 2007 (CEPAL, 2010).
Con respecto a la inmigración, Ecuador recibió recientemente importantes flujos provenientes de Perú y Colombia. Estos últimos llegaron a Ecuador en busca de asilo a raíz del conflicto armado en su país. El ACNUR estimó que en el año 2008 vivían en Ecuador entre 130.000 y 140.000 co- lombianos (ACNUR, 2008). Los peruanos son el segundo grupo más grande, que se vio atraído por las circunstancias económicas adversas existentes en su país, así como también por la decisión de Ecuador de dolarizar la economía en el año 2000. Las estimaciones varían, pero es probable que en 2007 residieran en Ecuador entre 60.000 y 120.000 peruanos, la mayoría sin permiso legal (Jokisch, 2007). Otros grupos migratorios atraídos recientemente a Ecuador incluyen ciudadanos de China y de Estados Unidos, que llegan al país por negocios o por retiro laboral. La presencia de ciudadanos de Cuba también se ha incrementado recientemente. En 2009, se registró un aumento de aproximadamente 4.000 nacionales de Cuba (Arcentales, 2010).

A pesar de las diferencias existentes en la estimación del número de ecuatorianos que han emi- grado a otros países, la magnitud del fenómeno –especialmente acelerado a partir de fines de la década del 90– ha conducido a una situación en la que, para el año 2008, aproximadamente el 18% de la población vive fuera de sus fronteras. Esto está generando un hondo impacto en el tejido social ecuatoriano.

Según el Banco Central de Ecuador, las remesas que los ecuatorianos envían a sus familias as- cendieron a US$2.324 millones en 2010. Recientemente las remesas han disminuido como conse- cuencia de la crisis económica mundial que afectó los niveles de empleo y los ingresos de quienes habían emigrado a países como España y Estados Unidos. Sin embargo, las remesas continúan siendo trascendentes en la economía ecuatoriana.

Una parte del proceso migratorio es el retorno, elemento que durante el año 2012 ha sido una de las líneas de análisis en los espacios auspiciados por los organismos internacionales así como por la Unión Europea. Fruto de estos debates se ha identificado que el retorno no ha sido masivo, se ha generado migración hacia terceros países y no se ha frenado completamente la emigración hacia los destinos tradicionales. El retorno requiere de un tratamiento a partir de los derechos de las personas migrantes. La generación de políticas debe ser diferenciada en función de sus causas que no solo tienen relación con la crisis económica.