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República Dominicana - Síntesis histórica de la migración internacional

En el presente, la República Dominicana es un país de emigración neta1, con cerca del 13% de su población en el extranjero. Desde finales de los años 1980, los dominicanos comenzaron a emigrar masivamente, principalmente a Estados Unidos y países europeos como España
e Italia. Asimismo, históricamente el país ha sido el destino principal de los migrantes haitianos (Castelletti, 2009).

Inmigración

La isla de La Hispaniola (La Española), actualmente ocupada por las naciones de Haití y la Repú- blica Dominicana, fue el primer lugar donde los españoles formaron una colonia, poco después de que Cristóbal Colón descubrió la isla en 1492. Como tal, Santo Domingo, como fue llamada la isla por los españoles, sirvió de base logística para la conquista de la mayor parte del Hemisferio Occidental, dando así paso a la migración que marcaría para siempre el perfil étnico del territorio.

Con el asentamiento español, las labores forzadas, abusos, enfermedades y el crecimiento de la población mestiza contribuyeron a diezmar la población taina, principal grupo nativo a la llegada de los españoles. Ya para 1548 la población taína se había reducido a aproximadamente 500 personas, y en 1550 solamente 150 nativos vivían en la isla (Moya, 1977). Las consecuencias de esta pérdida fueron profundas. Un resultado fue la necesidad de nueva fuerza laboral para el cultivo creciente de la caña de azúcar, la que motivó la importación de mano de obra esclava de África (Moya, 1977).

En 1822, tras un periodo efímero de independencia de los españoles, Santo Domingo es ocupado por Haití, lo que eventualmente dio lugar a la unificación de la Isla. Tras doce año de guerra, el 27 de febrero de 1844, la República Dominicana y la República de Haití cesan hostilidades, firmándose en el Tratado de Paz y Amistad Perpetua y Arbitraje en el cual se delimitó la frontera dominico hai- tiana (Haggerty, 1989).

Republica Dominicana recibió dos corrientes de inmigración fundamentales: la llegada de brace- ros de las Antillas y luego de empresarios, campesinos, comerciantes y refugiados políticos prove- nientes de islas vecinas y de Europa.

La inmigración masiva de braceros de las Antillas fue impulsada por la necesidad de mano de obra barata para la realización de obras públicas y el corte de caña en la industria azucarera de capital extranjero, la cual cobró auge a partir del último tercio del siglo XIX. La inmigración laboral desde Haití fue alentada activamente durante la ocupación de Estados Unidos en República Dominicana (1916-24), como consecuencia de la expansión de la industria azucarera bajo el dominio norteame- ricano (Haggerty, 1989).

Según datos del censo de 1920, en la República Dominicana había 28.258 haitianos, que represen- taban el 59% de los extranjeros censados y el 3% de los habitantes del país (Castillo, 1984). Debido a la creciente tensión en torno a la definición de la frontera entre los dos países, a la escasez de mano de obra en República Dominicana y al creciente interés del Gobierno en las plantaciones de azúcar, una serie de acuerdos bilaterales fueron firmados entre Haití y República Dominicana (1937), permitiendo la entrada de haitianos por periodos específicos. Gradualmente, fueron esta- bleciéndose asentamientos haitianos permanentes en torno a las plantaciones de azúcar (cono- cidos como bateyes). En ellos se albergaba población dominicana, arrayana (dominico-haitianos), haitianos residentes, haitianos inmigrantes, haitianos indocumentados, e inmigrantes de las Antillas menores británicas (Blandino, 1990). Para 1935, el número de haitianos en la República Domi- nicana casi se duplicó, llegando a 52.657 de acuerdo al censo de ese año. Sin embargo, el censo de 1950 mostró un descenso, registrando sólo 29.500 haitianos (Canales, Vargas y Becerra, 2009). La caída se podía explicar en parte porque durante la presidencia de Rafael Leonidas Trujillo (1930- 61), una campaña fue ordenada en contra de los trabajadores migrantes haitianos que tuvo como resultado la persecución de los haitianos residentes en el país (Ferguson, 2000). Actualmente, no se cuenta con cifras oficiales del número de haitianos en el país. Sin embargo, según algunas esti- mativas, la cifra se ubica entre 380,000 y 500,000 (Wooding y Moseley-Williams, 2004).

Una segunda ola de migrantes más pequeña fue un grupo de empresarios, campesinos, comer- ciantes y refugiados políticos. En un primer momento estuvo conformado por refugiados políticos y empresarios impulsados por los procesos de independencia de Cuba y Puerto Rico. Luego, hacia el final de la Guerra Civil Española, entre los últimos meses de 1939 y mediados de 1940, llegaron a la República Dominicana unos 4.000 exiliados republicanos españoles (Fernández, 2010). Al mismo tiempo, el inicio de la Segunda Guerra Mundial atrajo españoles, italianos y alemanes a la isla (en especial de ascendencia judía). Entre 1938 y 1944, la Republica Dominicana expidió 5.000 visas a judíos europeos, aunque la mayoría de los destinatarios nunca echaron raíces en el territorio na- cional (Enciclopedia del Holocausto, 2012).

Emigración

Durante la década de 1960, la inestabilidad política y económica condujo a un aumento de la emi- gración dominicana, especialmente hacia Estados Unidos. Durante este periodo, los emigrantes dominicanos utilizaron una serie de vías para migrar, una de las cuales fue la flexibilización en la concesión de visados y en las restricciones de inmigración establecidas en la Ley de Inmigración de Estados Unidos de 1965, y otra el apoyo a los solicitantes de asilo y refugiados. A pesar de ello, una gran parte de esta migración fue no autorizada.

En las últimas tres décadas la República Dominicana se ha consolidado como un país de emigran- tes, fenómeno que se aceleró a partir de 1980 tras la intensificación de la crisis económica durante el gobierno de Balaguer. La década de 1980 también presenció la reducción en la importancia de la producción de azúcar en la economía dominicana, lo cual llevo a un gran número de inmigrantes haitianos a trasladarse a otros sectores como la construcción, el comercio, la manufactura y el servicio doméstico. A pesar de la importante presencia de haitianos en el territorio nacional, el país todavía mantiene una tasa neta de migración negativa (-2,7), indicando que existen más per- sonas saliendo del país de las que entran (PNUD, 2008; OIM, 2010).

A pesar del crecimiento sostenido y la estabilidad política exhibida por la economía dominicana du- rante la última década, la emigración no ha disminuido. Una estimación reciente indica que existen
1.4 millones de dominicanos residiendo en Estados Unidos. Los datos del Censo de los Estados Unidos 2010 indican que sólo en Nueva York viven 675,000 dominicanos (Bureau Censo de Estados Unidos, 2011). Además de Estados Unidos continental, los dominicanos también han establecido importantes comunidades en España, Italia y Puerto Rico (Fergusson, 2000).

Las remesas a la República Dominicana alcanzaron $3.3 mil millones de dólares en 2011, o 7.7 por ciento más que en 2010, según un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) (Domini- can Today, 2012).