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Uruguay - Síntesis histórica de la migración internacional

La primera ola de inmigrantes europeos hacia Uruguay tuvo lugar a principios del siglo XVI, cuando un gran grupo de españoles llegó al Río de la Plata (un gran estuario entre Argentina y Uruguay). Sus descendientes, y los de muchos italianos que llegaron a mediados del siglo
XIX, conformaron una gran parte de la población de Uruguay hasta después de la década de 1950, cuando Uruguay dejó de ser un recibidor neto de inmigrantes (SICREMI 2011).

Entre 1973 y 1985 gobernó una dictadura que creó un colapso institucional luego de un periodo extendido de estancamiento económico que dio lugar a varias crisis. Durante este periodo la situa- ción en Uruguay no era conducible a la inmigración. En la década de 1990, sin embargo, resumió la inmigración cuando los ciudadanos peruanos ingresaron en busca de estabilidad económica (SICREMI 2011). En las décadas recientes la emigración, especialmente de gente jóven, ha sido considerable y constituye un elemento central de la dinámica social y económica de Uruguay. Casi el 18% de los nacidos en Uruguay vive en el exterior, lo que ha convertido al país de ser un lugar de asentamiento a uno cada vez más de transitoriedad para mucha gente.

Inmigración

Después de la independencia de los españoles en 1830, el Uruguay del siglo XIX fue “producto de los inmigrantes,” aunque en menor escala que los flujos inmigratorios que se dieron en Argentina o Brasil. Los inmigrantes se incorporaron al país y así le iban dando forma a la nacionalidad (Ba- rrán y Nahum, 103). Por ejemplo, el momento de mayor crecimiento económico de Uruguay tuvo lugar entre 1871 y 1887 cuando experimentó el crecimiento demográfico más grande, resultado del arribo de los inmigrantes europeos. Al mismo tiempo, el ingreso per cápita de Uruguay era comparable al de Inglaterra, Francia y Alemania (Díaz, 2004).

Durante el siglo XIX, la mayoría de la migración de Uruguay se asentó en los centros urbanos, es- pecialmente en la capital, Montevideo. Los inmigrantes eran sobre todo italianos (34%), españoles (30%), brasileños y franceses (15%) y argentinos (10%). En 1843, 60% de los residentes de Montevi- deo eran extranjeros; hacia 1860 esta cifra había disminuido a 48%. A nivel nacional, la proporción de inmigrantes disminuyó de 35% en 1860 a 17% en 1908 (Arocena, 2009).

Gran parte de los italianos llegaron a finales del siglo XIX y a principios del XX. Muchos campesinos del sur de Italia que vivían en la región agrícola del país sufrieron los efectos de la modernización, los desastres naturales, la enfermedad y la inanición (Krase, 2003) y llegaron a Uruguay en bús- queda de estabilidad. Con frecuencia estuvieron vinculados a los movimientos sindicales de traba- jadores (entre ellos militantes anarquistas), causando gran impacto en el movimiento obrero y en la política uruguaya (Arocena, 2009).

Otro grupo importante fueron los africanos traídos inicialmente como esclavos en el siglo XVIII. Los afro descendientes constituyen en la actualidad el 9% de la población total. Los suizos, que llega- ron a Uruguay para escapar de una crisis económica, fundaron una colonia agraria en el sur del país llamada Nueva Helvecia, y hacia 1878 alcanzaba un total de 1.500 personas (Arocena, 2009). Finalmente, también destaca la afluencia de inmigrantes desde Europa del Este, principalmente de Polonia, Rumania, Rusia, Hungría, Lituania y Armenia.

Durante la primera mitad del siglo XX, Uruguay continuó siendo un receptor neto de inmigrantes. Arribaron entre ellos grupos de armenios libaneses que huían de la persecución, así como aproximadamente 10.000 judíos, que entre 1933 y 1941 llegaron escapando de la Alemania nazi.

A principios del siglo XX, el gobierno uruguayo implementó una política inmigratoria orientada a atraer colonos hacia las zonas rurales que se encontraban desocupadas. Uno de estos grupos fueron los rusos, llegando aproximadamente 300 familias en 1913 (Arocena, 2009). Los inmigrantes españoles, italianos y franceses continuaron llegando al país, aunque en un número mucho más moderado comparado con años anteriores.

Emigración

Al igual que Argentina, pero en menor escala, Uruguay tuvo un exitoso desempeño económico como agroexportador. A partir de 1930 incorporó el modelo de sustitución de importaciones, al- canzando un nivel considerable de desarrollo industrial en relación con las dimensiones del país y su peso en términos demográficos. Sin embargo, con el tiempo la industrialización alcanzó sus límites. El agotamiento del modelo hacia finales de la década de 1950 abrió paso a un prolongado periodo de estancamiento económico, con niveles de desempleo que finalmente se convirtieron en una tendencia estructural (Pellegrino, 1989).

Hacia la década de 1950, debido en parte a una disminución de la demanda en el mercado mundial de productos agrícolas, Uruguay ingresó en una época de severo estancamiento económico y de creciente inestabilidad social y política. Fue en ese momento que el patrón tradicional de inmigra- ción neta de Uruguay comenzó a ceder su lugar a un marcado patrón de emigración. Las razones de la emigración de la década de 1960 son principalmente de índole económica, y los problemas sociales comenzaron a alcanzar niveles notorios conforme se aproximaba la nueva década. En Argentina, el principal destino de los emigrantes uruguayos en los 60s y 70s, la demande de mano de obra aumentó considerablemente y los salarios eran más altos que en Uruguay (Pellegrino, 2005). Este proceso de deterioro político y social culminó con un golpe militar y la suspensión de las libertades civiles en 1973. Además de la falta de empleo, la represión política que caracterizó a este periodo (1973-1985) se consolidó como el factor más importante que impulsó las oleadas migratorias de esa década. Las cifras oficiales indican que más de 200.000 personas dejaron Uru- guay entre 1963 y 1975, y otros 177.000 lo hicieron entre 1975 y 1985 (Pellegrino, 2009). En conjunto, dichas cifras representan casi la décima parte de la población total.

La mayoría de quienes emigraron eran jóvenes. Entre 1963 y 1975, aproximadamente el 18% tenía 14 años o menos; el 68% tenía entre 15 y 39 años; y aproximadamente el 14% era mayor de 40 años. Quienes emigraban tenían en promedio un mayor nivel educativo que la población general ya que un 52% tenía estudios primarios completos; un 34% había concurrido al colegio secundario o a institutos de formación docente, y casi el 13% tenía nivel universitario o de formación técnica (SICREMI 2012).

A finales de la década de 1980, la “crisis de la deuda” y la falta de empleo para los jóvenes cons- tituyeron factores fundamentales que contribuyeron a la emigración. Quienes se iban de Uruguay no solo eran más jóvenes y de mejor nivel educativo que la población en su conjunto, sino que además tenían mejor calificación laboral. Esta realidad significaba la pérdida de habilidades esca- sas, lo cual afectaba severamente la calidad de la fuerza de trabajo del país. Algunas profesiones sufrieron una alta tendencia a la emigración: los arquitectos y médicos en la década de 1970 y los ingenieros y especialistas en tecnologías de la información durante los 80s y 90s (Pellegrino, 2002).

El destino más frecuente de los emigrantes uruguayos fue Argentina, que durante la primera mitad de la década de 1970 absorbió la mitad de los emigrantes. Estados Unidos y algunos países europeos recibieron inmigrantes uruguayos calificados, como España e Italia, seguidos por Francia y Suecia. También tuvieron importancia Australia, Brasil y Venezuela. Hacia 1980, el 9% del total de profesionales y técnicos uruguayos vivía en Estados Unidos y en once países latinoamericanos, lo que originó preocupación por la “fuga de cerebros”, muy similar al caso de Argentina (Pellegrino, 1994). La cifra de 9% no incluye a quienes residen en Europa ni en Australia, lo que llevaría la pro- porción a más del 12%.

Durante la década de 1990 se produjo una afluencia de inmigrantes peruanos que escapaban de la grave crisis económica, política y social de Perú bajo el régimen de Fujimori. Según el censo de 1996 había 576 peruanos en Uruguay ese año y para 2006 había entre 2.500 y 3.000. Si bien el número no fue altamente significativo, pueden constituir una corriente importante en el futuro (Arocena, 2009).

Durante este periodo, la emigración alcanzó los niveles más altos registrados en la historia del país. Este flujo emigratorio siguió muchos de los trayectos de la década de 1970, ya que los uruguayos se dirigieron a países donde ya existían comunidades uruguayas consolidadas (Pellegrino y Vigorito, 2002). Las décadas que llevaron a la crisis más reciente muestran un predominio de los países de la Región. Argentina, por ejemplo, absorbió a más de la mitad de los emigrantes uruguayos. Los movimientos recientes, sin embargo, se reorientaron hacia Estados Unidos y España. Entre los años 2000 y 2006, los principales países de destino fueron: España (43%), Estados Unidos (26%), Argentina (12%) y Brasil (5%) (Pellegrino, 2009).

Finalmente, la bonanza económica del país (debida en parte al aumento en los precios internacionales de materias primas) en los últimos años de la década, sumado a la crisis económica que ha afectado los principales países de destino preferidos por los uruguayos (España y Estados Unidos), ha reducido notoriamente los flujos migratorios al exterior. De un saldo negativo de aproximadamente 28.000 para el año 2002, se pasó a menos de 6.000 en 2008 y menos de 1.000 en 2009 (Cabella, 2009).

A pesar de esta tendencia, el número acumulado de uruguayos residentes en el exterior es muy elevado en relación a su población total. Los uruguayos que residían en el exterior eran aproximadamente 477.000 en 1996. Entre ese año y 2004, otros 117.000 uruguayos se fueron del país. En total, el número de uruguayos residentes fuera del país hacia 2004 era cercano a las
600.000 personas, lo que equivale a aproximadamente el 18% de la población total (Pellegrino, 2009).