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Canadá - Síntesis histórica de la migración internacional

La Confederación de Canadá se formó como un dominio federal en 1867 con la unión de las cuatro colonias de Norteamérica británica, es decir La Provincia de Canadá (que fue subdivi-ida en las provincias de Quebec y Ontario) Esto fue el comienzo de un incremento al Dominio de provincias y territorios, creando en el proceso una mayor autonomía del Imperio británico.

La inmigración se convirtió en una fuerza creciente en el siglo XIX por la demanda de mano de obra en diferentes industrias, el sector ferroviario siendo un ejemplo importante. Aumentó significativa- mente hacia principios del siglo XX, época en la que medio millón de personas inmigraron a Canadá en el transcurso de 11 años, de 1891 a 1902 (Carrothers, 1948).

La población de Canadá aumentó cerca de un 70% en estos años, y en las primeras dos décadas del siglo XX, la población se duplicó de 5,4 millones a 10,4 millones (Brune, 2010). Varios factores de expulsión y atracción continuaron haciendo que la inmigración fuera un emprendimiento atractivo. Entre ellos se encontraban: la superpoblación y la discriminación religiosa en Europa; la escasez de tierra que se percibía en Estados Unidos; la ausencia de una estructura rígida de clases sociales en Canadá; y la Ley de tierras del dominio británico (Dominion Lands Act) por la cual el gobierno otorgaba tierras gratis (160 acres) a los inmigrantes recién llegados (Brune, 2010).

A partir de finales del siglo XIX, Canadá comenzó a adoptar medidas políticas para gestionar la inmigración. Después de un periodo de ingreso relativamente libre entre 1867 y 1895, esta política abierta cambió progresivamente. Se establecieron un grupo de Órdenes en Consejo (Orders-in- Council), las Leyes de Inmigración de 1910, 1919 y 1952, y la Ley de inmigración china de 1923 que formalizaron un sistema de inmigración y en el proceso restringieron la admisión a solicitantes bri- tánicos, europeos y estadounidenses, excluyendo en gran medida a los migrantes que no pudieran rastrear sus orígenes étnicos a Europa (Ray, 2005).

A partir de 1962, cambios normativos fueron introducidos que anularon muchas de estas primeras políticas migratorias. La economía canadiense florecía y se enfrentaba a una grave escasez de mano de obra. Como resultado, entre 1961 y 1971, el tamaño de muchos grupos étnicos aumentó considerablemente.

No fue sino hasta la aprobación de la Ley de Inmigración de 1976, que Canadá marcó el inicio de una nueva era en inmigración basada en la ocupación en lugar del país de origen. Si bien Canadá admitía refugiados de forma individual y puntual, no accedió a la Convención de las Naciones Uni- das de 1951 ni al Protocolo de 1967 sobre la Condición de Refugiados. Fue en 1969 que Canadá em- pezó a institucionalizar este acuerdo internacional con respecto al tratamiento de los refugiados y en 1976 institucionalizó un compromiso abierto (Ray, 2005).

Al eliminarse las restricciones raciales y nacionales de las normativas de inmigración, la inmi- gración asiática y surasiática proliferó rápidamente. También se convirtió en mucho más diversa culturalmente; una gran proporción de inmigrantes en los años cincuenta eran Sikh, parientes de los pioneros colonos surasiáticos. Sin embargo, en los años 60 también hubo aumentos marcados en la inmigración desde otras partes de India y desde Pakistán (Justus e Iturralde, 2011). También es importante resaltar la naturaleza profesional de este grupo de inmigrantes. En los años 60, dos tercios de los inmigrantes surasiáticos hombres eran profesionales: maestros, doctores, profe- sores universitarios y científicos. Los años 70 sin embargo marcaron el comienzo de la migración desde Fiji, Guayana Francesa, Trinidad y Tobago y Mauricio, y el aumento de los programas de migración temporal que habían comenzado en los años 60 (Buchignani, 2010).

Estados Unidos representó el segundo origen más importante (después del Reino Unido) de inmi- grantes durante los 70, y constituyó cerca del 20% de todos los inmigrantes de Canadá durante este periodo. De los más de 400.000 estadounidenses que adoptaron la residencia canadiense entre 1968 y 1978, un estimado de 50.000 eran hombres en edad de reclutamiento y otra cantidad desco- nocida - incluidos los familiares de los que se oponían al reclutamiento - emigraron en respuesta directa a la Guerra de Vietnam y otras políticas extranjeras (Kobayashi y Ray, 2005).

Durante los años 60 y 70, Canadá también albergó a miles de refugiados cubanos y chilenos que escapaban de los cambios de régimen en sus países (Justus e Iturralde, 2011). Las puertas de Ca- nadá pronto se abrirían para los pueblos de América Central durante las siguientes dos décadas, puesto que la crisis política y económica arrasó con la región.

Entre 1983 y 1996, cerca de 700.000 chinos (mayoritariamente de Hong Kong) llegaron para esta- blecerse en Vancouver y, en menor medida, en Toronto. Trajeron fondos de inversión valuados en miles de millones de dólares. El mayor volumen de inmigración china hacia Canadá en los años 80 y 90 contribuyó sustancialmente con el crecimiento de la población chino-canadiense, que au- mentó de aproximadamente 289.000 en 1981 a aproximadamente 634.000 en 1991 (Li, 1998), y luego a aproximadamente 1 millón en 2001 (Statistics Canada, 2003). Por contraste a tendencias anteriores, desde 1995, la China continental sobrepasó a Hong Kong como la fuente principal de inmigración a Canadá.

En los años 80 y principios de los 90, una gran cantidad de refugiados por convención (en otras pala- bras, gente que no podía o no deseaba regresar a su país de nacionalidad o residencia habitual por un miedo bien fundado de persecución) llegaron de los países del mundo árabe, particularmente Somalia, Líbano e Irak. En este mismo periodo, aproximadamente 13.000 inversores y empresarios llegaron mayoritariamente desde Líbano, Kuwait, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos, así como una fuerte representación de Egipto, Irak, Jordania y Siria. Al igual que los inmigrantes de Hong Kong, pertenecían a la “clase empresarial” y redefinieron las comunidades árabes altamente concentradas que llegaron antes que ellos (Abu-Laban, 2010).

La inmigración africana hacia Canadá también comenzó a cobrar impulso durante los años 80 y 90. Estos inmigrantes incluían profesionales con una buena educación y refugiados que huían de las dificultades políticas y económicas. La mayor parte de estos inmigrantes africanos provenía de Sudáfrica, Tanzania, Etiopía, Kenia, Ghana, Uganda y Nigeria (Justus e Iturralde, 2011).

Para los años 90, un promedio de 220.000 inmigrantes llegaban a Canadá cada año, muy por en- cima del promedio anual de los años 80 (125.000 por año). Los datos más recientes sugieren un aumento a 240.000 por año desde el año 2000, pero en términos generales, el patrón ha sido el mismo. Durante las últimas tres décadas, se ha producido un cambio radical en los países de origen de inmigrantes, un factor que está redefiniendo el panorama social, político y económico canadiense. Para ponerlo en perspectiva, entre 1956 y 1976, un 64% de los inmigrantes provenían del Reino Unido y el resto de Europa y sólo un 12% de Asia. Sin embargo para el año 2004, los flujos habían cambiado completamente con sólo un 18% de inmigrantes provenientes de Europa y un 49% de Asia. Un 20% adicional de inmigrantes llegó desde África y Oriente Medio, un 9% desde América del Sur, América Central y el Caribe, y aproximadamente 3% desde los Estados Unidos (Ray, 2005).