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Ecuador - Síntesis histórica de las migración internacional en Ecuador

A pesar de los cambios que la conquista española produjo en la población originaria, los flujos migratorios hacia y desde Ecuador permanecieron relativamente constantes hasta la segunda mitad del siglo XX. Es durante los últimos cincuenta años que Ecuador ha experimentado grandes movimientos migratorios tanto dentro como fuera de sus fronteras. Los mayores desplazamientos al interior fueron desde la región de la Sierra hacia la Costa, y desde las zonas rurales a los centros urbanos. Estos desplazamientos fueron producto del éxito cambiante de las exportaciones de cacao, bananas y petróleo. 

La emigración, por su parte, se incrementó a niveles sin precedentes en un contexto de fuerte urbanización, mal desempeño de la economía de exportación y una aguda crisis financiera (Jokisch, 2007).

Ecuador ha experimentado dos grandes procesos migratorios; el primero comenzó en la  década del cincuenta en la región de la sierra sur (principalmente en las provincias de Azuay, Cañar y Loja) y tuvo como destino principal Estados Unidos; el segundo se produjo a  fines de la década de los noventa  y se dirigió a Europa, sobre todo a España e Italia. Según el INEC, durante esta época emigraron alrededor de 1.500.000 personas.

La información proporcionada por los consulados de Ecuador -aunque requiere de una lectura cuidadosa- señala que el total alcanza a unas  2.500.000 personas (datos actualizados a enero de 2008), lo que constituye el 17,6% de la población total del país a la fecha. 

Durante la última década el país recibió también importantes flujos de inmigrantes procedentes de sus vecinos limítrofes Colombia y Perú. En el caso de Colombia, los inmigrantes arribaron en gran medida en busca de refugio y condiciones de vida más seguras y estables como consecuencia del conflicto armado interno;  mientras que los peruanos lo hicieron atraídos por la dolarización de la economía ecuatoriana y las circunstancias económicas adversas en su país. 

Historia de la migración

Durante los siglos XV y XVI la población originaria sufrió el impacto de invasiones incas procedentes del actual Perú, y de la llegada del conquistador español Sebastián de Benalcázar, en 1534. Hacia fines del siglo XVI, el 70 por ciento de la población indígena había muerto como consecuencia de enfermedades o de la guerra (Newson, 1997).  

Además de europeos y nativos, la composición de la sociedad ecuatoriana incorporó población de origen africano en los siglos XVI y XVII.  Los esclavos africanos fueron llevados principalmente a Ibarra, Guayaquil y las minas de oro ubicadas en lo que hoy en día es Colombia (Popayán). Un número menor de esclavos fue llevado a Quito, Cuenca y otras áreas urbanas.  El distrito colonial de Quito, que se extendía hacia el sur de Colombia, tenía una población esclava de alrededor de 12.000 personas. La provincia de Esmeralda también albergó una sociedad de esclavos liberados tras naufragar un barco proveniente de Panamá con destino a Perú, en 1553. (Jokisch, 2007). Los afrodescendientes de este grupo representan actualmente aproximadamente un 5% de la población (INEC, Censo de Población 2001). 

Con la independencia, la estructura socio-económica instaurada durante la época colonial perduró en los siglos siguientes. Los descendientes de las familias europeas concentraban la tenencia de la tierra y otros recursos naturales, que eran trabajados por un numeroso campesinado. Los estratos socioeconómicos más altos estaban divididos en la elite terrateniente de las sierras (región interior, con producción agrícola-ganadera, caucho y petróleo a partir de la década de 1970); y la elite terrateniente de la costa (región costera centrada en la agricultura de exportación, como el cacao y el banano).

Entre fines del siglo XIX y principios del siglo XX, la economía de Ecuador prosperó sobre la base de la producción de sombreros Panamá y la exportación de cacao. Esto atrajo a otro importante grupo de la sociedad ecuatoriana denominado “los libaneses”, quienes escapando de la opresión otomana en su país, se integraron rápidamente como comerciantes y vendedores  El término “libaneses” se aplica de manera amplia a las personas de habla árabe, predominantemente inmigrantes cristianos con ancestros de origen sirio, palestino o libanés (Roberts, 2000).  Si bien resulta difícil precisar las cifras de esta inmigración, su impacto social es ampliamente reconocido, ya que entre sus descendientes se encuentran dos presidentes de Ecuador y también algunas  familias de alto nivel socioeconómico establecidas en diversas provincias (Roberts, 2000). 

Durante el siglo XIX, aunque en menor escala, ingresaron al país armenios, vascos, británicos, griegos, franceses, alemanes e italianos. En general, la mayoría de las familias de ascendencia europea llegaron con capital y pasaron a formar parte de los niveles socio económicos más altos, dándose la particularidad de que los matrimonios se celebraban mayoritariamente dentro de este mismo grupo.

Un número aún menor de migrantes chinos y japoneses llegó al país a fines del siglo XIX, ocupándose como  mineros, peones y pescadores.

En las primeras décadas del siglo XX, e impulsados en parte por el auge de la agroindustria bananera y el cacao, los grupos socioeconómicos más altos comenzaron a enviar a sus hijos a estudiar al exterior. El principal destino, hasta la década de 1920, fue Francia. En 1930 y 1940 comenzó a generarse un flujo importante hacia Estados Unidos.

No fue sino hasta la década del 50 que Ecuador comenzó a tener una emigración de proporciones considerables. En esta época, la emigración se vinculó mayormente con hombres jóvenes de las zonas del Austro Ecuatoriano, quienes debido a la crisis en la producción de sombreros Panamá (paja toquilla) emigraron a Estados Unidos, Canadá y Venezuela (CEDHU, 1997).  Gran parte de ellos utilizó sus contactos comerciales para emigrar a Nueva York y, en general, lo hicieron sin documentación legal. La mayoría trabajó en restaurantes como ayudantes de camarero o lavaplatos, y un número menor en fábricas o en la construcción (Jokisch, 2007). La mayoría de estos emigrantes no regresó al país, pero creó redes de expatriados que condujeron a mayores flujos migratorios. Durante el mismo periodo, la población indígena kichwa otavalo comenzó a emigrar a los Estados Unidos y a ciertos países europeos. Su emigración, no obstante, fue temporaria de carácter comercial, relacionada con la venta de artesanías (CEDHU, 1997). 

A nivel interno, las ciudades principales de Quito y Guayaquil fueron protagonistas de urbanizaciones masivas. El éxodo se produjo desde las tierras altas pobres a las plantaciones comerciales de las tierras bajas costeras, y de las zonas rurales a las urbanas. Este proceso se caracterizó por la rapidez y cantidad de los flujos, como el caso de la ciudad de Guayaquil, que duplicó su población en menos de 12 años, de 1950 a 1962. (OIM, 2008).  

En la década de 1950 y principios de 1960, la expansión del cultivo del banano y la creciente necesidad de instalaciones portuarias estimuló el crecimiento de ciudades de tamaño medio como Santo Domingo, Quevedo, Esmeraldas y Machala.  En la década de 1970 y principios de 1980, Santo Domingo siguió creciendo, a medida que las plantaciones de palmeras africanas se extendían por el interior. Otras ciudades costeras crecieron en base a la industria pesquera, como la cría de camarones, y el turismo. Esto llevó al desarrollo de comunidades pequeñas de ciudadanos de China y Japón, dedicados especialmente a la industria pesquera. Hacia mediados de la década de 1970, los salarios que se pagaban en los centros urbanos al influjo de la floreciente industria petrolera eran más atractivos que los ingresos por los productos agrícolas. Esto produjo que los  trabajadores campesinos optaran por trabajos urbanos en lugar de labores agrícolas, saturando aún más los centros urbanos que no estaban preparados para recibir importantes contingentes de migrantes internos (Kluck, 1989).

Muchas ciudades enfrentaron una serie de problemas comunes como consecuencia de la enorme afluencia de migrantes internos. La cantidad de personas en situación de pobreza empleadas en sectores y ocupaciones marginales aumentó a punto tal que llegó a superar la capacidad de los gobiernos locales de brindar servicios básicos y empleo. El  proceso de degradación del territorio generó asentamientos informales densamente poblados  alrededor de la zona central de las ciudades. Estos asentamientos informales fueron entonces otra consecuencia de las migraciones internas, que dieron como resultado la ocupación de extensas franjas de tierras marginales.  Los asentamientos se expandieron en la década de 1970  y hacia mediados de los 1980, y representaron entre el 10 y el 15 % de la población de Quito (Kluck, 1989). 

La emigración fue constante durante la década de los 70, aunque no fue de gran magnitud. Emigrantes de varias comunidades de las provincias de Azuay y Cañar (anteriormente vinculados con el comercio de sombreros Panamá)  se contactaron con las redes de migración clandestina que movilizaba personas hacia Centroamérica y México, de camino a los Estados Unidos. Un pequeño número de ecuatorianos migró a Venezuela, cuya economía se vio favorecida por el petróleo durante la década de 1970 (Jokisch, 2007).  

La bonanza petrolera que vivió Ecuador durante la década de 1970 se frenó repentinamente por la caída de los precios del petróleo en los '80.  Ecuador se vio atrapado por la recesión, la alta inflación y el desempleo. Hasta finales de los años 90 el proceso emigratorio estuvo encabezado por habitantes de la región andina austral y artesanos rurales  de Azuay y Cañar que emigraban a Estados Unidos. La mayoría de los hombres se convirtieron en trabajadores temporarios o consiguieron empleo en la industria de los servicios, mientras que las mujeres encontraron trabajo en la industria de la indumentaria, en restaurantes o como empleadas domésticas. La población kichwa otavalo continuó con su patrón migratorio, caracterizado por la inmigración temporaria dedicada al comercio de artesanías.  Este periodo también fue testigo de un incremento en las restricciones de inmigración por parte de Estados Unidos (CEDHU, 1997).  A principios de los años 90, y como consecuencia del conflicto militar con Perú (1995-1998),  grupos de emigrantes de la ciudad de Loja se fueron a España).  Esta migración creó la primera verdadera red migratoria ecuatoriana a Europa  (Abott, 2000).  

España demostró ser un destino atractivo debido a un acuerdo existente que permitía a los ecuatorianos ingresar al país como turistas, sin necesidad de visa. España también ofrecía abundantes empleos de poca calificación en la economía informal, y además los inmigrantes ecuatorianos no tenían que preocuparse por el idioma. Esta apertura duró hasta 2003, año en el que España comenzó a solicitar visa a los ecuatorianos,  a la vez que realizó importantes reformas en su Ley de Extranjería, que tiende a restringir cada vez más la entrada de extranjeros a su país.  En menor medida se emigró también a Italia y Australia.

Los bajos precios del petróleo y las frecuentes inundaciones que afectaron las exportaciones de los cultivos -sumado a la inestabilidad política y la crisis financiera- causaron una segunda crisis económica a fines de los 90.  La moneda nacional, el sucre, perdió más de dos tercios su valor, la tasa de desempleo subió al 15 % y el índice de pobreza alcanzó un 56 % (Jokisch, 2007).  Asimismo, en el año 2000, Ecuador sufrió una crisis política que culminó con el derrocamiento de su Jefe de Estado.  La ola migratoria que siguió estos hechos afectó a todos los sectores de la sociedad.

Desde el año 2000 al 2008 alrededor de un millón y medio de ecuatorianos dejaron el país.  Muchos de ellos se fueron a países de la Unión Europea, en respuesta a las condiciones adversas que se vivían en el país (OIM, 2008). Los principales destinos fueron España, EE.UU. e Italia, y en menor medida Francia, Holanda, Alemania, Reino Unido, Bélgica, Suiza, Canadá, Chile y Venezuela. Según un estudio publicado por la CEIEME (Comisión Especial Interinstitucional de Estadísticas de Migraciones en el Ecuador), aproximadamente el 11 % de la población total y el 30 % de la población económicamente activa vivía en el exterior hacia fines de 2007 (CEPAL, 2010).  

Con respecto a la inmigración,  Ecuador recibió  recientemente importantes flujos provenientes de Perú y Colombia.  Estos últimos llegaron a Ecuador en busca de asilo a raíz del conflicto armado en su país.  El ACNUR estimó que en el año 2008 vivían en Ecuador entre 130.000 y 140.000 colombianos (ACNUR, 2008).  Los peruanos son el segundo grupo más grande, que se vio atraído por las circunstancias económicas adversas existentes en su país, como así también por la decisión de Ecuador de dolarizar la economía en el año 2000. Las estimaciones varían, pero es probable que en 2007 residieran en Ecuador entre 60.000 y 120.000 peruanos, la mayoría sin permiso legal (Jokisch, 2007). Otros grupos migratorios atraídos recientemente a Ecuador incluyen ciudadanos de China y de Estados Unidos, que llegan al país por negocios o por retiro laboral. La presencia de ciudadanos de Cuba también se ha incrementado recientemente. En 2009, se verifico un aumento de aproximadamente 4000 nacionales de Cuba (Policía Nacional de Migración).   

Conclusiones

A pesar de las diferencias existentes en la estimación del número de ecuatorianos que han emigrado  a otros países,  la magnitud del fenómeno -especialmente acelerado a partir de fines de la década del  90-  ha conducido a una situación en la que, para el año 2008, el 17.6% de la población vive fuera de fronteras,  generando un hondo impacto en el tejido social ecuatoriano.

Según el Banco Central de Ecuador, las remesas que los ecuatorianos envían a sus familias ascendieron a US$2.324 millones en 2010. A pesar de que el envío ha disminuido como  consecuencia de la crisis económica mundial que afectó los niveles de empleo y los ingresos de quienes habían emigrado a países como España y Estados Unidos, continúan siendo trascendentes en la economía ecuatoriana.