Imprimir

El Salvador - Síntesis histórica de las migración internacional en El Salvador

El Salvador es la república más pequeña de Centroamérica y el país con mayor densidad poblacional en la Región. Posee el porcentaje más alto de población multirracial en las Américas ya que el 94% son mestizos, resultado de una mezcla de indígenas americanos, africanos y europeos. Solo el 5% de la población es americana originaria y el 1% restante es ascendencia europea, principalmente española, alemana e inglesa. Hay también habitantes de origen palestino y chino que viven en las ciudades y los pueblos más grandes (Williams, 2001).

La inmigración en El Salvador puede dividirse en dos etapas; la primera representa la situación del país antes del siglo XX, cuando era un importador neto de inmigrantes;  la segunda se identifica ya el siglo XX y se caracteriza por su emigración,  convirtiéndose El Salvador en un país exportador neto de emigrantes. También se producen importantes desplazamientos internos, producto más que nada del conflicto interno armado que ocurre entre los años 1980 y 1991. 

Los flujos de emigración durante el siglo XX se dividen en cuatro grandes periodos: 1920 a 1969; 1970 a 1979; 1980 a 1991; y de 1992 a la actualidad (PNUD, 2009).

El gran proceso de emigración ha llevado a que uno de cada cinco salvadoreños viva actualmente fuera del país (Andrade-Eekhoff, 2006). Esto ha provocado una situación paralela de agotamiento de los recursos humanos  calificados, produciendo un escenario donde  menos del 11% de los salvadoreños tiene educación terciaria,  porcentaje  por debajo del promedio latinoamericano del 13,5% (BID, 2007). 

La emigración de El Salvador no es solo un problema de “fuga de cerebros” sino también un problema con implicaciones económicas y de desarrollo; las remesas que envían los salvadoreños residentes en el exterior representaron en 2009 el 16,1 % del Producto Interno Bruto (PIB)  (BID-FOMIN, 2010),  lo que implica una gran dependencia de este tipo de recursos. 

Historia de la migración 

Cuando los españoles se aventuraron a Centroamérica a comienzos del siglo XVI, el territorio que más tarde se convertiría en El Salvador estaba primordialmente poblado por indígenas de la tribu Pipil. Los pipiles eran el subgrupo de un pueblo nómada conocido como los Nahual, que emigraron a Centroamérica alrededor del año 3000 AC. La cultura Pipil ha sido comparada, si bien a menor escala, con la de los aztecas en México. Aunque fueron básicamente un pueblo agrícola, los pipiles construyeron grandes centros urbanos, algunos de los cuales llegaron a convertirse en ciudades, como las actuales Sonsonate y Ahuachapán (Haggarty, 1988). 

El proceso de conquista y posterior colonización de los españoles comenzó en 1524, con la llegada de una expedición desde Guatemala, liderada por Pedro de Alvarado.  Los españoles llegaron a El Salvador en busca de metales preciosos y se encontraron con una población nativa estimada entre 600.000 y 700.000 habitantes (Fowler, 1995). Decepcionados por la falta de oro, la región quedó relegada y olvidada dentro del imperio español. En esta situación de abandono y aislamiento se plantó la semilla de la estructura político-económica del país (Haggarty 1988). 

La columna vertebral de la economía salvadoreña fue un sistema agrícola floreciente concentrado en el índigo, el azúcar y el ganado, y para mantener estas actividades se alentó la migración dentro de la región. Hacia fines del siglo XVIII la población se concentraba principalmente en tres zonas: alrededor de las haciendas; bajo la cordillera norte; en las tierras bajas centrales; y a lo largo de las llanuras costeras (Gammage, 2007). 

El café se convirtió en un cultivo de exportación valioso por su precio creciente, y desde mediados del siglo XIX gran parte del bosque subtropical húmedo fue reemplazado por plantaciones de café, las que actualmente cubren alrededor del 10 % del territorio de El Salvador (Gammage, 2007). A comienzos del siglo XX ingresaron algunos inmigrantes chinos y de medio oriente, que instalaron pequeños emprendimientos comerciales (PNUD, 2009). Al llegar la independencia, el legado era un grupo de  terratenientes europeos, una economía basada en las exportaciones y una sociedad altamente segregada.

Los propietarios de las plantaciones de café conformaron una oligarquía económica y política para asegurar el mantenimiento de sus tierras y riquezas.  Es así como a comienzos del siglo XX, la mayoría de los salvadoreños vivía en áreas rurales bajo distintas formas de relación laboral, ya sea como trabajadores rurales (colonos), arrendatarios de pequeñas parcelas de tierras marginales o jornaleros estacionales. 

Sucedió que el precio del café cayó durante la Gran Depresión de los años 1930. Los bajos salarios de los trabajadores rurales bajaron aún más, y como mucha de la tierra de subsistencia había sido convertida en plantaciones privadas de café, los cultivos básicos se redujeron de manera considerable, empeorando las condiciones de vida de colonos, arrendatarios y jornaleros estacionales. También aumentó el desempleo, ya que muchos productores de café decidieron no cosechar sus cultivos. Además, muchos pequeños agricultores, a quienes les fue imposible sobrevivir esta caída, perdieron sus tierras a manos de los más ricos, concentrándose aún más la tenencia de tierras. 

Algunos agricultores emigraron a Honduras en busca de mejores salarios, aunque la mayoría permaneció en el territorio donde comenzó a gestarse una rebelión. Este procesó culminó con el levantamiento campesino de 1932, denominado “la matanza”,  en el que murieron alrededor de 30.000 personas a manos de las tropas gubernamentales.  

Los esquemas de migración salvadoreña que persistieron hasta la década del 70 se establecieron  durante este periodo. Como se mencionó anteriormente, el escaso o inexistente acceso a la tierra y el desempleo llevó a muchos salvadoreños a emigrar hacia Honduras, principalmente a las plantaciones de plátanos de la United Fruit Company. Unas 25.000 personas emigraron en los años 30, y hacia fines de la década siguiente la cifra aumentó a 40.000 (PNUD, 2005).

El periodo de la Segunda Guerra Mundial inició dos corrientes migratorias importantes. La primera fue hacia Panamá y la segunda hacia Estados Unidos, a través de México. Esta última se originó en la demanda de mano de obra bien remunerada para las  fábricas  donde los puestos de trabajo de los hombres habían quedado vacantes por el reclutamiento en las fuerzas armadas. Por su parte, la migración hacia Panamá estuvo asociada con el transporte de suministros militares (PNUD, 2005).

En los años 1950 y 1960 un número no muy importante de salvadoreños emigró a los Estados Unidos. Esta población provenía de los estratos económicos más altos que iban a estudiar y trabajar en el extranjero. También algunos empleados domésticos, jardineros y trabajadores manuales complementaron este pequeño flujo (Gammage, 2007).

La mayor parte de la migración salvadoreña fue a nivel regional. La migración estacional de las comunidades salvadoreñas para trabajar en las cosechas se convirtió en la forma de vida de muchos habitantes rurales desde que la producción de café pasó a dominar la economía de El Salvador (Haggarty, 1998). Entre 1945 y 1969, el aumento de la población y la reducción de tierras disponibles, especialmente a favor de las plantaciones de algodón, llevó a unos 350.000 trabajadores y campesinos sin tierra – alrededor del 7 % de la población – a emigrar al vecino país de Honduras (PNUD, 2005). Alrededor de la mitad de ellos regresó después de que el gobierno de Honduras implementó las políticas de reforma agraria. Esto generó un éxodo que culminó en la llamada “Guerra del Fútbol” de 1969 entre ambos países.

En 1961, alrededor del 12 % de la población rural no poseía tierras. Hacia 1971 la cifra había alcanzado el 29 %  y  en 1975 se estimaba en un 41 %. De igual manera, de 1950 a 1970 el desempleo rural se ubicaba entre el 40 y el 50 %.

En 1975, solo el 37 % de los trabajadores rurales trabajaba en forma permanente; el 14 % lo hacía en un promedio de nueve meses; el 19 % trabajaba alrededor de seis meses; y el 30 % laboraba solo dos o tres meses en el año. Hacia 1980 se estimaba que el 65% de la población rural no tenía tierras y dependía del empleo asalariado. En 1981, aproximadamente el 58 % de los salvadoreños vivía en áreas rurales (Haggarty, 1988).

En la década de 1970, Estados Unidos recibió la primera oleada importante de salvadoreños. Esta vez, no solo emigraron las clases más bajas, sino que también los trabajadores calificados, profesionales e intelectuales. Esto se atribuyó al desempleo, a la creciente violencia política, y a la falta de acceso a la propiedad. Alrededor de 45.000 salvadoreños ingresaron a Estados Unidos entre 1970 y 1974 (Gammage, 2007). Un gran porcentaje de esta emigración, a diferencia de las futuras, fue de naturaleza legal.

La década de los ochenta trajo el éxodo masivo de salvadoreños. Huyendo de la guerra civil en su país, miles emigraron hacia naciones vecinas y también a Estados Unidos, viajando por tierra a través de México. Muchos de ellos llegaron al país de manera ilegal y en su mayoría provenían de comunidades rurales. Mientras que algunos huyeron a través de las fronteras con Honduras, Nicaragua y Guatemala, otros se quedaron en El Salvador como población desplazada y buscaron refugio en aquellos departamentos y municipalidades que no estuviesen directamente involucrados en el conflicto. En 1982, solo el departamento de Chalatenango tenía 15.000 personas desplazadas internamente. La emigración alcanzó su nivel máximo en 1982, estimándose que 129.000 personas registradas habían dejado el país (Gammage, 2007).

En 1981 había unos 60.000 refugiados en Honduras -especialmente mujeres y niños- ubicados en campos de refugiados cerca de la frontera. Estos campos eran administrados bajo el auspicio de la Agencia del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para Refugiados (PNUD, 2005). El éxodo fue de tal magnitud que en 1982 las Naciones Unidas estimaba que alrededor de un tercio de la fuerza laboral había huido del país. Unos 20.000 refugiados salvadoreños buscaron asilo en Nicaragua, y se estima que otros 80.000 a 110.000 se reubicaron en Guatemala y luego en México, de los cuales un gran porcentaje alcanzaría finalmente Estados Unidos. Entre 1979 y 1988 se calcula que unos 500.000 salvadoreños llegaron a Estados Unidos por esta vía (Gammage, 2007). Miles viajaron también a Canadá, donde las condiciones de asilo eran más accesibles.

Si bien la guerra civil terminó en 1992, muchas de las condiciones que inspiraron las luchas sociales y políticas que culminaron en violencia y emigración masiva, permanecieron invariables. Entre 1980 y 2001, la cantidad de tierra cultivada en El Salvador aumentó un 6 % mientras que la población se acrecentó en un 42 %. Este periodo fue también testigo de una marcada baja en el valor de los productos agrícolas y los salarios (Gammage, 2006).  

Aunque existen diferentes opiniones sobre las mediciones exactas, la tendencia a un aumento de la emigración es constante. Entre los años 1970 y 1980, la migración aumentó un 73%. Entre los años 80 y 90, ésta se incrementó un 307 % y entre 1990 y 2000,  subió a un  400%. La trayectoria de esta inmigración también siguió un patrón constante: comenzó como una tendencia regional para convertirse en un movimiento internacional, ya que a partir de la década de los noventa, el 93 % de los emigrantes se dirigió más allá de Centroamérica (PNUD, 2009). Aunque varios países implementaron medidas para facilitar la inmigración salvadoreña legal, la inmigración ilegal continuó siendo un problema. Algunas estimaciones ubican en 400.000 la cantidad de salvadoreños indocumentados residiendo en Estados Unidos en 2007 (Gammage, 2007). 

Según estimaciones del Ministerio de Relaciones Exteriores de El Salvador, casi tres millones de salvadoreños residían en el exterior el año 2005. De ellos, aproximadamente 2.5 millones se encontraban en Estados Unidos.

Las deportaciones de salvadoreños desde el exterior han aumentado en el transcurso del tiempo pasando de un total de 4.216 en 1999 a 36.689 en 2004, según los registros del Ministerio del Interior de El Salvador. Desde 1999 hasta 2001, la mayoría de las deportaciones se han realizado en Estados Unidos, pero a partir de 2002 la gran mayoría de  los deportados viene de Guatemala y México (Andrade-Eekhoff, 2006).

En relación a poblaciones inmigrantes dentro del territorio, en 2005 se estimó que  1.913 nicaragüenses y 7.751 hondureños vivían en El Salvador (de un total de aproximadamente 36.000 extranjeros). Estas cifras, sin embargo, pueden subestimar de manera significativa la cantidad de hondureños y nicaragüenses que están trabajando temporalmente en El Salvador (Gammage, 2007).

Conclusiones

No se puede entender a El Salvador como un país de 6,2 millones de personas viviendo en 21.000 kilómetros cuadrados, sino más bien como una nación con más de ocho millones de ciudadanos que viven dentro y fuera de sus fronteras (Andrade-Eekhoff, 2006).  El Salvador se ha convertido en un exportador neto de migrantes y en un país estratégicamente basado en sus emigrantes. La gran diferencia de salarios entre El Salvador y Estados Unidos, y la existencia de un gran número de salvadoreños que ya viven en ese país -y que salieron fundamentalmente durante la guerra civil de la década de los ochenta-  y que alientan la búsqueda de oportunidades a sus compatriotas,  explican buena parte de la emigración salvadoreña. La migración es crucial para entender el desempeño de la economía de El Salvador en las últimas dos décadas (BID, 2007).

La economía de El Salvador se contrajo un 3,3 % en 2009 como resultado de la crisis financiera, y no se proyectó ningún crecimiento para 2010. El crédito para el sector privado también se redujo, el empleo en el sector informal se elevó, las remesas bajaron casi un 10 %, el cobro de impuestos disminuyó un 11 % y el déficit público aumentó del 3,1  al 5,4 % por ciento del Producto Interno Bruto (PIB). "Después de México, El Salvador ha sido el país latinoamericano más severamente afectado por la crisis financiera internacional”, indica el Informe de País del PNUD (PNUD, 2009).