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Colombia - Síntesis histórica de la migración internacional en Colombia

Colombia es un país de emigración neta. A pesar del flujo inicial de españoles durante la época del Nuevo Reino de Granada (territorio del imperio español desde el siglo XVI y hasta inicios del XIX que coincide en buena parte con la actual Colombia), la inmigración internacional hacia Colombia ha sido tradicionalmente baja. Esto se debe principalmente a condiciones económicas no atractivas para la inmigración, como a situaciones de conflicto e inestabilidad política. La inmigración es escasa y de carácter regional y proviene principalmente de Venezuela y Ecuador, representando menos del 1 % de la población colombiana.  

La historia de Colombia está marcada por el movimiento de personas dentro y fuera de sus fronteras. Durante la colonización hubo  grandes movimientos internos de población. A partir de 1940 se inició un acentuado proceso de urbanización como consecuencia de la emigración del campo a las grandes ciudades, y  más tarde el proceso migratorio se caracterizó por una permanente emigración  al exterior en busca de mejores perspectivas económicas. A pesar de los cambios, Colombia sigue siendo una nación diversa, hogar de varios grupos étnicos y más de 80 lenguas indígenas. 

Historia de la inmigración

Con excepción de la inmigración española y de la introducción de esclavos negros (cerca de 30 mil, de acuerdo con algunas estimaciones), entre los siglos XVI y XVIII Colombia no fue un receptor importante de inmigrantes. Los flujos posteriores a la independencia fueron escasos y regionales. Entre los grupos de inmigrantes destacan alemanes, italianos, españoles, árabes y judíos, que influyeron  sectores específicos de la economía en su carácter regional. Hacia fines del siglo XIX y principios del XX, los alemanes ejercieron una influencia importante sobre las economías asociadas con el café, el tabaco, el transporte y el sistema bancario en regiones tan disímiles como Santander, la región de la costa del Atlántico, y Antioquia. Durante este periodo se observó también la intensificación de la participación judía y árabe en varios sectores comerciales de diferentes regiones (Pinzón, 2001). 

A pesar de que las reducidas tasas de inmigración en Colombia se atribuyen a menudo a las políticas restrictivas de migración aplicadas (a principios del siglo XVI, cuando España desalentaba la inmigración no española hacia el Nuevo Reino de Granada a fin de evitar que otros países europeos pudieran tener derecho alguno sobre la colonia), hubo intentos de atraer inversión extranjera de diversas fuentes que terminaron en fracaso. Los incentivos, en términos de los terrenos y los impuestos que se aplicaron a principios del siglo XIX, no bastaron para superar la aversión a las economías regionalizadas y frecuentemente aisladas (Pinzón, 2001). 

Luego de la independencia de 1819, la falta de atractivos económicos y las sucesivas guerras civiles ofrecieron pocos incentivos a la inmigración. En contraste con otros grandes países de América Latina como Argentina y Brasil, entre fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX Colombia no alentó la inmigración a gran escala.  Durante este periodo, el país recibió escasos flujos  de migrantes europeos de España, Alemania, Italia, Francia, Estados Unidos, Siria, Líbano y China.  

Después de la Segunda Guerra Mundial, las políticas colombianas fomentaron la inmigración de técnicos calificados y de expertos agrícolas europeos, lo que atrajo a un gran número de ciudadanos alemanes. En 1953 se creó el Instituto de Colonización e Inmigración para dirigir la colonización de las regiones subdesarrolladas del país, y en 1958 se especificaron los procedimientos para la admisión de refugiados. Sin embargo, estas medidas no se pusieron en marcha ya que el país se encontraba inmerso en una guerra civil conocida como "La Violencia", que tuvo lugar entre 1948 y 1966. 

Desde los años sesenta, la inmigración es principalmente regional, con trabajadores que vienen sobre todo de Venezuela y Ecuador. A pesar de las políticas de 1993 y 2005 para facilitar la entrada y la adquisición de visas de trabajo, el flujo de inmigrantes regionales no ha aumentado. 

De acuerdo con el censo de población de 1993, en ese año 106.162 extranjeros residían en  Colombia, lo que representa un 0.29 % de un total de 37 millones de habitantes con que contaba el país en ese entonces. La mayor parte de los extranjeros venía de Venezuela - 41 % o cerca de 43.300 personas-, mientras que Ecuador representó un 8.5 % o cerca de 9000 personas. Estos inmigrantes encontraron empleo en actividades comerciales y también en el ámbito de servicios, agricultura y manufacturas. El resto de los extranjeros venía en mucho menor proporción de países como Estados Unidos, España, Perú, Alemania, Argentina, Italia, Panamá y Líbano (Berube, 2005). 

El censo de 2005 registra pocos cambios y el número de extranjeros solo sube a 122.713. Este mismo censo muestra que el total de nacidos en el extranjero representa una fracción reducida de la población total, y las proyecciones más recientes se encuentran cerca de 0.2 % (United Nations, Department of Economic and Social Affairs, Population Division ,2009). 

A pesar de que la inmigración hacia Colombia ha sido históricamente baja, el flujo de colombianos dentro y fuera de sus fronteras ha sido alto.  A lo largo del siglo pasado, Colombia experimentó una transición demográfica caracterizada por un aumento en la tasa de crecimiento de la población y un importante proceso de urbanización. Se estima que entre 1938 y 1951, cerca de un millón de personas migró desde zonas rurales hacia zonas urbanas debido a las condiciones internas producto del periodo de "La Violencia". La población de las zonas urbanas aumentó de 31 % en 1938 a casi 69 % en 1993. Este proceso, sin embargo, fue más importante durante los años 50 y 60, con un aumento de la población urbana de 39 % en 1951, a 52 % en 1964 (Flórez, 2000). 

Desde los años 60, la inestabilidad política ha contribuido a que Colombia ocupe el segundo lugar mundial en términos de población desplazada  ̶  entre 2 y 3 millones de personas  ̶  (NHCR, 2006). Esta cifra ha crecido desde los años 90 debido a la amenaza narcoterrorista, especialmente en zonas donde estos grupos delictivos tuvieron mayor influencia.  Dicha situación llevó a muchos colombianos a buscar empleo en el extranjero, lo que con el tiempo disminuyó debido a que los programas de seguridad democrática y acción social del gobierno colombiano han podido contrarrestar el terrorismo y recuperar el imperio de la ley, protegiendo a las poblaciones más vulnerables.

El censo de mayo de 2005 - 2006 calcula que, de una población total de 41 millones 242 mil 948 habitantes, 3 millones 331 mil 107 colombianos vive en el extranjero; otras proyecciones sitúan esta cifra entre 4 y 5 millones de personas, o una de cada diez de la población total del país (DANE, 2006). El Comité de Estados Unidos para los Refugiados e Inmigrantes (2005, p.11) estima que a finales de 2004 existía un total de 263.00 refugiados colombianos. 

Los datos del censo más reciente indican que, del total de colombianos en el extranjero, 35.3 % vive en Estados Unidos,  23.4 % en España y 18.5 % en Venezuela (DANE, 2006). El Reino Unido y España albergan a las dos comunidades más numerosas de colombianos en Europa, aunque también hay grupos importantes en Francia, Italia y Alemania. Se desconoce la magnitud de la población migrante indocumentada de Colombia, pero los datos parciales de Estados Unidos y España muestran una tendencia creciente en los últimos años. 

Respecto a las remesas que envían los colombianos del exterior, en el año 2006 éstas fueron de $3,860 millones de dólares, superando a los ingresos generados por café y carbón. A pesar de su disminución hacia el año 2009 como consecuencia de la crisis internacional, continúa siendo un rubro de gran peso en la economía colombiana.

Conclusión

Colombia ha sufrido importantes desplazamientos de personas al interior del país y también un proceso de emigración que incluye artistas, intelectuales, profesionales y técnicos calificados. La economía relacionada con las remesas es muy importante en Colombia (se clasifica a este rubro como tercer lugar en el origen de ingresos, según algunas fuentes), lo que convierte a los colombianos que viven en el extranjero en parte integral de la economía interna. A pesar de observarse indicios recientes en torno a la desaceleración de la emigración, el proceso permanece aún instalado en la sociedad colombiana.